El único centralismo
democrático declarado con orgullo, como una honra imperecedera
para tiempos de normalidad, es el del comunismo democrático
de masas que funciona hoy en toda la China continental. La
exposición del pensamiento dominante de este arquetipo
actual reúne las características históricas
que proporcionan la eficacia que, en principio, han buscado
las organizaciones políticas más progresistas
para un despliegue económico-social. Nuestra tesis
es que dichas características, que inmediatamente describiremos,
se presentan ahora también, aunque sin nominarlo ni
reconocerlo en instituciones políticas social-liberales,
y hasta conservadoras, en diversos momentos y países,
reuniendo todas o, al menos, algunas de sus propiedades o
notas características.
Esas posiciones históricas surgieron a partir de la
creación de la III Internacional de Trabajadores (confederación
comunista) y podrían concretarse en cuatro puntos característicos.
Éstos no proceden de una elaboración de la teoría
sino ¿cómo no? del desarrollo marxista de una
praxis revolucionaria requerida para la eficacia del entramado
de los soviets, ya que se necesitaba enlazar el proletariado
con una dirección asumida por profesionales de la política
y/o de la cultura.
- En cada órgano político de poder, menos
o más amplio, las decisiones se toman, democráticamente,
por mayorías simples.
- Esta democracia política es absolutamente jerarquizada
según la territorialidad o amplitud de su poder,
es decir que siempre prevalece el órgano político
superior hasta llegar al central.
- No se da demasiada importancia a la forma de designar
a los miembros, que luego decidirán democráticamente
por mayoría, pero de hecho los candidatos son preseleccionados
por el órgano jerárquico superior. Este mismo
órgano más alto territorial, constitucional
o, con más frecuencia reglamentariamente puede actuar
en la selección por designación directa o
de segundo grado, por existir algún intermediario,
individual o colectivo.
- El poder adicional menos democrático será
nominar a dedo asesores ideológicos que pueden ser
bien hombres grises que actúan en la sombra o bien
habrá intelectuales mayores autorizados, con derecho
de veto.
El centralismo democrático político de China
aún hoy puede ser admirado porque está consiguiendo
el desarrollo económico más violento del universo
para casi todo un continente. Fallecido su hombre más
lúcido, ya nonagenario DEN XIAO PING. fue durante 15
años el intelectual respetado que, aún desaparecido
de los puestos políticos de mando, tenía autoridad
moral para respetarle un derecho de veto. Luego fue sustituido
por un equipo, ya nominado electoralmente de asesores ideológicos
en la sombra, más bien grises tal como reflejaba la
cuarta y última característica histórica
de las antes reseñadas. Con los sucesos Tiananmen a
final de los ochenta vino el frenazo político dado
por Den Xiao, que también altera el desarrollo, pero
el equipo ideológico sucesor intenta reanudar el progreso
económico y menos el político.
La cuestión es que en China no es posible eliminar
el centralismo democrático que es el que controla,
también, todo el progreso económico. Las grandes
democracias capitalistas están convencidas de que sería
posible el desarrollo económico chino unido al pluralismo
político y a un régimen de libertades. Sin embargo,
creemos que la filosofía confucista de sus mayores
sigue imperando en la ética china; y esta ética
popular no aguantaría mantener ambos desarrollos, a
no ser que encuentren un nuevo sistema económico-social¬
como esperan los ideólogos chinos, pero nosotros mantenemos
serias reservas o dudas.
Hay que recordar, inevitablemente, a los auténticos
creadores de la sociología del centralismo democrático,
del cual poco habló Marx. Como ya indicamos antes surgió
con la praxis forzada para la fundación del estado
bolchevique por Lenin en la URSS que arrastró enseguida
la división de partidos socialistas-democráticos
y partidos comunistas que, curiosamente ambos se llamaron
a sí mísmos socialdemócratas en el inicio,
nombre que no asumió nunca el partido comunista chino
que tardíamente fundó Mao-tze-dong. El problema
de la coincidencia se explica además porque inicialmente
todos los partidos tenían el mismo objetivo final de
Marx, e incluso el mismo emblema e himno así como el
color rojo de su bandera.
Más interesante sería la diferenciación
de la sociología política que les hizo optar
a cada conjunto por medios distintos que marcarán estrategias
y tácticas de luchas divergentes totalmente. Los nuevos
partidos que iban optando por la III Internacional adoptaron
el centralismo democrático tanto en los países
en que triunfaron, aunque fuere efímeramente, como
en los que nunca triunfaron sino que murieron con el acabamiento
del marxismo con la excepción de China y otros regímenes
dubitativos como Cuba, Vietnam, o Birmania. El centralismo
democrático soviético se aplicó en la
organización piramidal bolchevique cuyo equipo ideológico
era absolutamente dirigido por Lenin antes de enfrentarse
con Trotsky (IV Internacional)
Después con Stalin fue tal la centralización
individual, por las circunstancias de su personalidad, que
no pudo vencer las dificultades de reimplantación del
centralismo democrático y, entonces, desemboca en un
régimen totalitario que fue sólo algo aliviado
con la desestalinización de Kruschef hasta el cambio
final iniciado con la perestroika de Gorbachov. Éste,
en un viaje a Peking coincidiendo con los sucesos trágicos
en los alrededores de la plaza de Tiananmen, afirmaba desde
China que, si no se mantenía en primer lugar para la
economía soviética el centralismo democrático,
cuando se era fuerte todavía, luego sería imposible
generalizarlo. Por ello con el Yeltsismo murió, gloriosa
bien que mafiosamente, el centralismo democrático de
las instituciones políticas soviéticas, así
como de los países adheridos del comunismo gobernante
hasta entonces. En cuanto al centralismo democrático
de las organizaciones políticas comunistas, que no
llegaron a alcanzar el poder en los países occidentales,
siguieron con ese planteamiento de un centralismo interno
combatiendo a los sistemas capitalistas; hasta el declive
iniciado en los países con partidos más fuertes
que son los que intentaron nueva praxis de convivencia democrática
con el eurocomunismo pero no consiguieron evitar el acabamiento
del marxismo contagiado por la caída de los gobiernos
de los partidos próximos que llevaban medio siglo ensayando
un socialismo irreal.
Y en lo que se refiere a los partidos social-demócratas
de la II Internacional, de los que se escindieron los partidos
que se fueron adhiriendo a la Internacional Comunista(III),
mantuvieron la nominación socialdemócrata que,
inicialmente, utilizó la revolución soviética,
mientras que la I Internacional se tornó anarquista
y asamblearia, repudiando todo centralismo. Así como
los socialistas clásicos tampoco propugnaban inicialmente
el centralismo democrático como praxis institucional
comunista, optando finalmente por el adjetivo socialismo democrático
para poder entrar en competencia con partidos liberales y
capitalistas de los que copiaron su sociología. Podemos
considerar también el centralismo de los regímenes
totalitarios de diversos tipos de fascismo en los que sus
respectivos caudillos que monopolizarán, absolutamente,
los planteamientos ideológicos unitarios, centralistas
que no democráticos, tal como Mussolini, Franco, Pinochet,
o Videla. Sus supuestos órganos deliberantes eran designados
pero no tenían siquiera un funcionamiento de mayorías
democráticas obedientes para disimular así su
falta del más mínimo disfraz y su sumisión
al centralismo.
Abordaremos, finalmente, el centralismo democrático
más próximo a este país mencionando las
organizaciones, tanto de derechas como de izquierdas, en la
actual democracia española incluyendo los que se reclaman
de centro-derecha del hoy como los partidos regionales más
menos nacionalistas y sectores estatales de los hoy llamados
partidos populares. En toda esa derecha la cúpula de
las decisiones es monárquíca autoritaria y está
ejercida por un Presidente designado por su predecesor o cooptado
por un Consejo elegido a dedo por el presidente anterior cesante.
En cuanto a la creación de ideología, es más
bien encomendada a algunos intelectuales de los que se puede
decir que conforman un equipo de notables, agrupados en fundaciones
o instituciones partidarias.
En la izquierda tradicional la cúspide decisoria estaba
delegada en un secretariado colectivo encabezado por un primer
secretario desviado posteriormente, con la flexibilización
hacia el centro-izquierda, a un denominado secretario general
que cada vez se asimila más a los presidente del centro-derecha,
puesto que la función principal en ambos casos es electorera;
puesto que sus decisiones están igualmente marcadas
no por un interés general sino por el interés
particular de acceder a sus respectivas jefaturas del gobierno,
dando por supuesto que ganarían unas elecciones primarias
partidarias. La orientación ideológica es asumida,
no tanto por intelectuales, como por uno o varios hombres
grises o pepitos grillo que asesoran a dicho secretario general
o candidato a Presidente del Gobierno propuesto por sí
mismo, que necesita asesoramiento electoral por que el auto-candidato
no suele ser precisamente un pensador, ni falta que le hace
si es un ganador nato de elecciones.
En vista de todo ello, no podemos negar que el centralismo
democrático exista en España. Existe como tal
centralismo político pero aún en la izquierda
más radical de Eskerra Republicana, Iniciativa per
Catalunya.etc. ha sido un pecado liberal muy grave proponer
un centralismo democrático económico con lo
que acaban de incurrir en excomunión con su propuesta
de debatir un Salario Universal Garantizado tributariamente
a todo ciudadano/a españoles por el sólo hecho
de su ciudadanía (10.000 € anuales a los adultos
y 5.000 € a los menores).
El centralismo democrático político en el
centro-izquierda se suponía se estructuraba en Comités
en donde se vota libremente para obtener mayorías,
salvo ante su Secretario General o sus ayudantes ideológicos,
pero en cuanto a las decisiones adoptadas por cualquier órgano
colectivo siempre quedan supeditadas a órganos de carácter
superior; con lo cual la democracia queda absolutamente truncada
al funcionar de arriba abajo, pues los órganos superiores
no son libremente elegidos por los inferiores sino cooptados
desde arriba preseleccionando a los candidatos. En la derecha
nos encontraremos ahora el mismo panorama de jerarquización
de sus órganos colectivos, llamados desde siempre consejos
en vez de comités.
Queremos ejemplificar el centralismo democrático,
(político desde luego, que es el único legalizado),
con una consigna simbólica en que casi se reconocía
alguna jota de la ribera traída por unos militantes
rebeldes de alguno de los partidos navarros que pretendían
coaligarse; con ocasión de la imposición definitiva
del órgano superior federal central de no acceso al
gobierno foral. No afecta a nuestro argumento el que la decisión
del ideólogo de turno fuera identitaria navarra o electorera
estatal, pero sí lo recrudece el dejar de debatir las
alegaciones presentadas, dando además por no recibido
uno de los escritos más serios de su militancia, por
considerar el valído delegado que era insultante para
su cargo jerárquico, junto a consignas irónicas
como la antes aludida: BLANCO, BLANCO, BLANCO.¡ARRIBA
ESPAÑA!
Veamos otra política posible sin centralismo democrático
para designar representantes de la base sin recurrir a la
cooptación y jerarquización ya que éstas
son los dogmas básicos del centralismo político.
Los procedimientos de selección, para ser libres e
independientes, han de ser aleatorios y donde no quepa, tampoco
el centralismo piramidal; una vez realizadas esas designaciones
de candidatos aspirantes por el azar de la suerte, será
entre ellos que todo el censo electoral de la circunscripción
elija sus representantes por votación libre y secreta.
O bien, más radicalmente estocástico, sería
seleccionar por sorteo entre todos los registrados en el distrito
electoral para designar directamente, por sorteo, a sus o
su representante definitivos en la demarcación que
se establezca,, que sería mejor unipersonal en este
proceso, sin necesidad de candidatos previos y menos de elección
posterior clásica salvo vacantes de fuerza mayor.
Donde sí puede, y debe haber elección nominal
y promoción directa de los candidatos al poder máximo
republicano y, donde sí podrán y deberían
participar las escuelas filosóficas o fundaciones ideológicas
es en las que, más o menos ya tiene creadas cada partido
tradicional, pero que no podrán intervenir, sin embargo,
en la elección de candidatos a puestos de poder inferior,
ya que todos los demás casos serían seleccionados
libres y estocásticamente, si queremos evitar el centralismo
democrático político sin atrevernos todavía
a presentar a la opinión pública un centralismo
democrático económico en vista del poco éxito
de una prospección iniciática en el Parlamento
estatal, o mucho en países de comunismo de mercado
como China y otros adheridos a esa socio-economía con
semejanzas distintas.
Alfonso Arnau y Carmen Pino |