Inicio Presentación Editorial Intervén El Rincón Opinión Correrías Inéditos
Cocinillas y Jardineros El Sonajero ¿Arte? Pistas y Reseñas Textos canallas
Rinkón Poético E. Agramonte Robles
El otro árbol Martín Ramiro Mc Gann
Gente como uno ché Carlos Malbrán
Tulia El seis
El negro y el doctor Fernández Carlos Malbrán
Otros Rinkones Varios  
 

  Rinkón Poético  
   
 

A partir de ahora, publicaremos las colaboraciones poéticas por autores. Es decir, cada actualización incluirá varias poesías del mism@ autor@. De esta forma será más fácil recuperar lo publicado antes y podrán permanecer colgadas más tiempo. Nuestra intención es publicar, antes o después, todo lo recibido.

En esta entrega os presentamos obra de Yrely Martínez Montes

 
   
   
Enrique Agramonte Robles
 
Fulgencio Martínez
 
 
 
 
 
 

 

 

  Pesadilla -el otro árbol -

El otro árbol

 
 


(.) Había algo tan extraño en
todo aquello, algo tan fuera de lo
corriente e imposible de imaginar, que
me pareció ser, en alguna manera, el
juguete de enormes fuerzas., y ésta
sola idea me paralizó.
Bram Stoker.

 

Llevaba tres noches sin pegar un ojo. No lograba reconciliarme con la esencia del surrealismo. Sólo deseaba dormir y que finalmente concluya aquella sensación tan ingobernable como desagradable. Veía en cada sombra a un fantasma. A causa de mi estado de ánimo esa mañana podría haber ahorcado al ángel de la guarda con mis propias manos. Mi humor era tan "malo" como Ozama y mi ánimo estaba más caído que las...

Ante todo debía solucionar mi problema real. Ese día, además de detestarme, estaba poseído por la impotencia y la cobardía (posiblemente por eso me detestaba). Esta última me había puesto en la " loboesteparia " situación de no animarme, siquiera, a enfrentar voluntariamente a la muerte, ¡a mi muerte! En ese faustuoso escenario no tuve peor idea que entregarme a Mefistófeles, o eso creí.

Entonces me presenté ante uno de los personajes más odiados por mi Persona casi desde mi natalicio. Hago referencia así al éxito , fundamentalmente como concatenación de hechos que derivan en la acumulación (y exacerbación) de bienes -de lujo, de servicios y sobre todo, de soberbia (más como pecado social que capital)-.

Así fue que el éxito se hubo transformado (para mí) en un ser tan repugnante como la propia belleza; siendo ésta paradigmática y estereotipada , ergo grotescamente expuesta (casi por definición). Refiero específicamente a esos estereotipos, inaccesibles en el mejor de los casos y efímeros en el peor, que se exponen como despreciables hasta para sí mismos. Es decir, un éxito que se manifiesta tan bello como referencial, tan modelo a seguir como a conseguir y; por fin, con una hermosura tan fugaz por fuera como horrenda y perenne por dentro. Por deductivismo podríamos presuponer (si se me permite que quepa un presupuesto en la deducción) belleza sin talento, veleta sin viento .

En aquel momento esa hermosura (similar a la de Sodoma luego de la ira de Dios) me había hecho sentir con el más absoluto de los derechos. Fue de tal modo que decidí ubicarme frente a ese lujoso edificio de oficinas con el objeto de aguardar por el "modelo" de éxito socialmente consensuado (al Siglo XXI, obviamente) y con alta proyección.

Mi único fin era proceder a cortar prestamente de cuajo todo su despreciable futuro sin ningún tipo de discriminación política, racial, religiosa, de género o nacionalidad. Simplemente deseaba el poder de Zeus por algunos minutos para destrozar el hilo y terminar con ese falso mito de la valentía del sicario Teseo. Deseaba lograr que finalmente el asesino de Minotauro se haga cargo de sus pecados sin "protectorado" (de Ariadna en este caso). Es decir, que se enfrente con su destino sin impunidad que lo ampare; ultimando finalmente a la falsa cultura de occidente desde sus más puras raíces, desde los ideológicos (y nunca mitológicos) formadores de opinión griegos.

De tal modo y frente a esa pasarela era inevitable que mi manequen desfilase. ¡Y así fue! Muchos se pasearon y varios fueron por mí desechados. Las razones fueron tan heterogéneas como sólidamente argumentadas por mi gnosis. Pero él no tuvo la suerte de "la farolera" y no logró traspasar mi barrera. La ultra urbanidad lo había puesto francamente ante mí. Tenía todas las condiciones (y los accesorios) para transformarse inmediatamente en la revancha de mis resentimientos.

Sabía que inevitablemente debutaría en aquella lujosa escenografía. Mientras tanto reflexionaba... si en grandes espacios rurales despoblados (o desérticos) se presentan seres despreciables dignos de ser eliminados de la faz de la tierra; ¿por que razón (cuantitativamente hablando) mi capricho no recorrería ese sendero dentro de un margen de tiempo más o menos coherente? (tomando al tiempo-espacio como dado y consensuado a fin de no caer en subjetividades irresolubles).Y sin demasiado esfuerzo, así fue como se sucedieron los hechos:

2

En una alta y espejada torre parte del urbano paisaje de una pujante metrópoli, Capital de un Estado; se lo vio ingresar con la soberbia de quien se supone indestructible, inalcanzable , imperecedero . Como si no solamente compartiera con el resto de los mortales el pecado original de haber probado del árbol de la ciencia del bien y del mal, sino que en secreto hubiera degustado también el otro fruto, aprobando la asignatura pendiente de Adán y Eva. Al vislumbrarlo me sinceré, el problema no era él, sino elegir solamente uno.

Lo lamento por vos, pensé en voz alta ( sin saber lo lejos que estaba de la realidad ). Entretanto, consideré a ese personaje como la amalgama perfecta de mis reflexiones y máximo representante de todas las condiciones (especificadas supra) tanto dadas como cultivadas. Raudamente, entonces, avancé sobre mi cometido.

Calculé que se trasladaba vía agencia de transportes empresariales contratada por la compañía del logotipo lacrado en su worldproof , firmemente tomado por su mano derecha. De más estaría comentar que su vestimenta era impecable, de sobrio corte y firmes combinaciones, colocada con prestancia y combinada con altivo calzado. A simple vista y, a la distancia, todo parecía de altísimo nivel lo que indicaba que se trataba de bienes no accesibles para el ser humano promedio, sino más bien asequibles para quienes pertenecen a esa selecta constelación de los "elegidos"; para quienes manejan y distribuyen (directa e indirectamente) los bienes de esos seres humanos promedio. Si estuviésemos en el renacimiento él viviría en un castillo, pensé.

Ése individuo circulaba por la senda de los diferentes, por ese camino donde el sol no solamente siempre está, sino que brilla constantemente. Ante el supuesto que estos esbirros deban enfrentar alguna noche, jamás se oirían chirridos ni aullidos; y, en el peor de los casos, si tales se hiciesen presentes sólo sería para protegerlos. Por tanto parecía dificultoso que ese protagonista pierda alguna partida jugando con cartas marcadas. Esa era la razón por la cual se constituyó en el plato principal y yo lo cocinaría en su indigente guiso. Mi intención radicaba en reducir su cómodo camino a una cuerda floja sin paraguas y sin red, montado a un monociclo. Deseaba añadirle, a esa ya "manierista" postura, algunos pianos de cola para que haga malabares mientras se trasladaba por su segura vida del ostentoso éxito .

Para cumplir palmo a palmo mi cometido debía considerar, en primer lugar, la complejidad de la empresa (la que llevaría adelante y en la que él trabajaba). Por lo tanto tuve que recurrir a ciertos artilugios propiedad solamente de un gran vendedor. Es de hacer mención que, aún siéndolo, para poder ejercer tal virtud es condición necesaria contar con la cordura (en su estado más puro), aquella que transforma al carbón en diamante, logrando que reluzca tan brillante como impactante.

Considerando este comentario, reiteraré que mi prolongado insomnio había generado esa extraña situación de intentar conciliar el sueño y perder la batalla cuerpo a cuerpo contra el cansancio acumulado, saliendo siempre victorioso el desvelo. El hada de los sueños salteaba mi lecho. Llegué a odiar a la bella durmiente tanto como a Charles Perrault. Mi ensueño se había esfumado como alma que lleva el Diablo y no tenía noción de donde podría hallarlo, puesto que no conocía del Infierno más que las puertas.

En ése contexto mi físico estaba exhausto por momentos y por otros hiperquinético, lo que marcaba un peligroso desequilibrio mental que podía perjudicar mi ingreso a un edificio de ultralujo, custodiado por profesionales de la seguridad en su cuerpo de elite, con el valor agregado de la tecnología puesta a su servicio.

En tal sentido debería velar por no exacerbar los movimientos, que de hecho ya exageraba a causa de mi hábito (mal hábito). Es indispensable hacer una salvedad al respecto; entonces debo aclarar que nunca perdí inteligencia ni lucidez, por el contrario en muchos casos logré así despabilar a mi musa, de quien también estuve distanciado por algún tiempo.

De manera que estaba presto para hacer mi ingreso a la suntuosa y encandiladora torre céntrica. Sabía que mi demacrado rostro presentaba síntomas de agotamiento, lo que no se condecía con esa estructura arquitectónica ni mucho menos con su densidad poblacional. A fin de combatir este inconveniente y antes que se transforme en un problema, pasé algunos minutos bajo la quieta luz del astro rey, no solo con la finalidad que disimule mi viciosa e insomne palidez; sino también para que cargue mis escuálidas energías con su fuerza, tal como si mi persona se hubiese transformado en un personaje de video- game .

Cumplidos mis necesarios minutos, no más que los indispensables, me encontré conversando carismáticamente -cabe aclarar que ese era uno de mis puntos fuertes y cada vez que fulguraba aquella virtud me sabía imbatible- con el oficial (yo le decía oficial) de guardia, aquella mañana de fines de noviembre.

Contaba con un sobre de cuero abierto encima del mobiliario de la entrada que constituía su oficina, la cual acorde con su gorra no era ni chicha, ni limonada. Le solicité referencia acerca de la empresa del logotipo que identifiqué en aquel porta notebook algo más de dos horas atrás. Intenté explicarle al interlocutor de mirada opaca y angosta frente, mis inconvenientes, mientras argumentaba el porque del extravío de la identificación de la mensajería a la cual representaba y que debía entregarle el sobre a la secretaria de. (allí escupí el nombre del Presidente de la Empresa que figuraba tras su espalda en la cartelera -hacía varios minutos que lo tenía identificado- ).

- A ver, dame un minuto, expresó dubitativamente mientras descolgaba el auricular del teléfono (ya sabía que el primer escollo estaba superado. Uno a cero, pensé ).

¡Bien se sabe atrever quien nada tiene que perder!, recordé mientras intentaba ponerme la careta frente al lujoso (como no podía se de otro modo) espejo del ascensor; ya próximo a enfrentarme con la recepcionista de aquella Firma. Como el perfil sería (obviamente) diferente debía trabajar sobre nuevas estrategias (pensaba mientras practicaba la sonrisa junto a mi inverso).

Antes de retirarme había tomado conocimiento de la zona de residencia del Presidente de la Compañía, quien había llegado a su espacio laboral gracias a la agencia de transportes por ellos contratada. También supe que esa noche no tenía actividades posteriores al trabajo, gracias a que la confiada Secretaria dejara su agenda abierta en el día de la fecha mientras conversaba conmigo (entre otras cosas). Esto favoreció a mi especulación quien dedujo que se dirigiría a su domicilio directamente (aunque el razonamiento no tenía porque ser lineal y me autorefutara, confié más en mi intuición que en mis deducciones).

Entonces partí inmediatamente hacia un locutorio. Allí di con una guía telefónica y con el nombre de la agencia transportista que de mi interés era. Me presenté esa misma tarde en la cochera donde se estacionaban los vehículos e intenté diferenciar los movimientos internos a fin de saber que automóvil le correspondía al Presidente de la Empresa en cuestión. Recordé el modelo de esa mañana, pero nada indicaba que fuera el correcto. Así llegué a los aparcaderos de la agencia contratada por aquella importante Firma (los cuales se hallaban bajo techo en una oscura y caracolesca cochera), de exageradas dimensiones para la zona en la cual se encontraba situada; pero nada que me favoreciera generaría alguna queja.

Entre tanto pude identificar auditivamente al chofer de mi interés, gracias a una indiscreta conversación que mantuvo con otros colegas. Todo fue captado por mí desde el interior de un automóvil estacionado, lugar en el cual pasé un buen tiempo, con los ojos bien abiertos, los oídos prestos, el carácter cada vez más alterado y las ansiedades sin dominio posible. La adrenalina se sentía como si mi vida se jugara en ese acto, el cual había sido completamente forzado por mí. Había olvidado que sólo quería demostrarle lo ínfimo que podía llegar a ser su verdugo.

El manejador se acercó al vehículo correspondiente en lo que fuera, aparentemente, hora pico ya que (para mi suerte) el único que faltaba salir era "mi" chofer. Todos los demás se hallaban regando a la plusvalía, con sus recreos ya en el boulevard del olvido.

En cierto modo alguna preocupación se había adueñado de mí, pero (como suele decirse) hice responsable de tal esto a la paranoia de "my condition" y seguí adelante como si fuese algo con lo que hubiese convivido siempre.

Había logrado que el chofer llegue a estar lo suficientemente asustado como para no manifestar sonido alguno. De eso me encargué yo luego de golpearlo, maniatarlo, amordazarlo y explicarle (con una pequeña sierra en la mano) que si se portaba muy bien sobreviviría junto a todos los miembros de su cuerpo. Añadí que el asunto no era con él. Supongo que lo comprendió porque ya con la tarea finalizada no había oído, aún, ningún sonido expandirse desde la cajuela del vehículo que ahora yo conducía.

Al presentarme en el estacionamiento del edificio envié un radio, con el handy propiedad del huésped del baúl (tal como él me hubo explicado) reportando mi llegada a la Secretaria del joven emprendedor e indicando en que salida me hallaba aguardándolo.

Sin saludar, absorto en su vida, me indicó el destino. Tal como había imaginado era su domicilio, en las afueras de la ciudad, incorporado a un barrio residencial (cerrado y con seguridad privada). Todo eso facilitaba mis labores. La noche y la abstinencia de las últimas horas habían incrementado mi pésimo humor.

No deseaba siquiera un eco que lo rescate de sus pensamientos o genere el llamado de su atención. Me preguntó, obviamente, por el otro chofer. Mi respuesta fue elemental, breve y sin brindar suficiente información: - Está indispuesto.

El solo hecho que se produzca algún sonido en el baúl del lujoso carro me enervaba. Eso significaría improvisar, para lo cual tenía la certeza que no era bueno y, como a casi todos, me incomodaba sobremanera depender de mis flaquezas.

Mi ánimo empeoraba y necesitaba un desahogo. Si bien no restaba demasiado para la llegada al final del recorrido, debo mencionar que mi ansiedad podía jugarme una mala pasada en cualquier momento (luego en cualquier espacio); esto transmutaba la situación a altamente peligrosa.

Como si se tratara de un cigarro para locos con abstinencia de nicotina, acariciar el 38 bajo mi muslo derecho me tranquilizó levemente. Su fresca seguridad me hizo sentir propietario de mis cabales nuevamente. Por el espejo retrovisor la vacía mirada de mi pasajero denostaba una impregnación de otros temas, ninguno tenía relación evidente ni con el recorrido, ni con el vehículo, ni conmigo. Lo noté extrañamente despabilado a pesar de haberlo visto ingresar, a temprana mañana, a un empleo que suponía debía generar cierto tipo de desgaste.

Todo aquello no concibió preocupación en mí más que la sorpresa por su claridad mental, como si contara con cierta ventaja por sobre el resto de los humanos. Me resultó similar a esos jugadores de básquet que logran sostenerse unas décimas de segundo en el aire, por encima del resto. Se notaba que corría con cierta preeminencia, mas no lograba identificar en que sector de su persona se hallaba. Por lo pronto la disposición de sus orejas marcaban poca afección por la destrucción y su frente denostaba una tendencia preponderante al manejo del sentido común, frenológicamente hablando.

- ¿Porque nos detenemos aquí? Me consultó tan calmo como confiado, a pesar de la zona oscura y desértica.

Di media vuelta, lo miré a los ojos y, mientras sonreía, apunté con el 38 a su ceño. Me indignó la devolución de una sonrisa por demás petulante.

Algo desorientado lo consulté acerca de la gracia de lo que estaba sucediendo. Temiendo encolerizarme tan prontamente como para no disfrutar lo que estaba por hacer, decidí llamarme a la reflexión e intentar oír su respuesta, muy a pesar de "my condition" .

¿Tenés mínima idea de lo que estás haciendo?, me preguntó casi sin gesticular. Me animaría a afirmar que mientras se expresaba destilaba tristeza, pero parecía más por mí que por él.

Yo estaba malhumorándome demasiado. Cercano a la cólera del poderoso y dominador, temía jalar del gatillo sin oír lo que deseaba, sin haberlo visto perder. ¿Aún así no perdería? Inquietábame la ira que se apoderaba de mí ser. ¿Habría dado con un suicida?, es decir, ¿Estaría haciéndole un favor?

¿Me estás asaltando?, preguntó mansamente.

Me sentí cada segundo más rabioso. Sin contestarle y a sabiendas que estaba gesticulando en exceso, casi poseído por los tic, pregunté imperativamente:

¡¿Te callás un segundo o estás muy apurado por visitar a Luzbel?! Mientras intentaba mantener una calma ya perdida hacía décadas, mi verborragia clamó por fin:

¡Simplemente quiero ver tus incertidumbres, que tan bien ocultas tenés! Hasta donde llega tu arrogancia, tu poder, tu propiedad del Globo. Ofrecé tu mejor golpe.

No lo resistirías, respondió sobrándome.

Mis exigencias fueron más que despóticas. Estaba gritando, ya me sabía fuera de mí. El dedo índice gobernaba totalitariamente a mi cerebro (aunque hubiese parecido un absurdo).

Su dentadura me hartó y el disparo atravesó su ancha frente. Los rasgos de la vida casi acariciaban armónicamente su fisonomía. Su cara no tenía dolor, como si los abriles no hubiesen marchado aún por aquel rostro. Podía decirse que no conocía el esfuerzo como concepto, aunque me pareció identificar un dejo de desilusión en su entrecejo. Era un rostro que, si bien no poseía la fórmula de todos los futuros, indicaba tener su destino bajo control; como si conociese cada paso que debía dar.

Aquellos ojos jamás denostaron temor. Ni a la muerte, ni a la pobreza, ni a la vejez, ni a la enfermedad. Mi envidia era inmanejable, por eso disparé. Había, definitivamente, perdido el control de mi ser a causa de su absurda seguridad.

Yo soy tu Dios y tu Diablo, tu ángel protector y tu verdugo; vociferé con aires de arrogancia antes de disparar. Sólo hice el ridículo una vez más, pero aquí pagué el precio más alto de todos.

Luego de traspasar toda su cabeza, el proyectil cruzó la luneta del coche gris topo a través del polarizado, sorprendiéndome el astillado del mismo. Ahora debía pensar con velocidad de flash fotográfico. Aún esa velocidad resultó lenta ante los sorprendentes acontecimientos que sobrepasaron mi contenido terror.

Tan sorprendido como espantado (¿estremecido?), disparé nuevamente, esta vez ante la socarrona mueca de la comisura de sus labios. El tercer disparo fue a una diabólica gesticulación.

Ya fuera de mí, más aterrorizado que impresionado, vacié inútilmente el tambor frente a un ser macabro de colmillos crecientes y salvajes movimientos. Se abalanzó sobre mí. Sus ojos eran realmente espeluznantes, de esos que disfrutan la sangre (y la añoran). Su boca ofrecía solo la violenta dentadura precipitada como por delante de sus labios. Éstos habían retrocedido y solo ascendieron para permitir la presentación del arma asesina de un lobo que se defiende.

No conté con demasiado tiempo para reflexionar respecto al error que había cometido, ni a las causas que me llevaron a incurrir en tal.

3

Finalmente había logrado conciliar el sueño, pero no tenía ninguna relación con lo onírico. Había perdido la esencia. Ya no descansaba. Solo huía de mis nuevas pesadillas, las cuales se presentaban como muy superiores a las anteriores, a las que parecían inmanejables. Éstas realmente lo son.

Debo asumir mi nuevo rol social. Mi nuevo rol en todo sentido. Ahora engrosaré la cultura mitológica oral. Posiblemente las narraciones escritas. Estaré reducido a un plano bidimensional. Ésa fue la expresión que no había logrado identificar en su entrecejo. Razón no le faltaba cuando consultóme si tenía la más mínima idea de lo que estaba haciendo.

Mientras mis párpados arbitrariamente nublaban mis pensamientos, los cuales lentamente perdían el sentido, me sobresalté con el cantar de un gallo (hacía demasiado tiempo que no escuchaba alguno -que no oía alguno-). Inmediatamente una sensación de vacío hegemonizó mi persona, ¿mi aura?, mi ser. Todo lo mío era vacío. Entonces comprendí el porque de la dificultad de definirnos tanto para los científicos como para los poetas.

Hoy cuento con el valor para enfrentarme con mi propia muerte, pero ella me ignoró en demasiadas oportunidades. No tiene sentido intentar seducir a esa Ignominiosa dama, quien me dejó en más de una oportunidad en ridículo, aullándole a la luna.

Necesito descansar, a pesar que ahora duermo regularmente.

Martín Ramiro Mxc Gann

 

 

 

 

 

 

Gente como un@ ché

Gente como un@ - Mani sin cerebro  
 

 

Sonido de marcado de teléfono. De esos antiguos, con disco; porque la señora Monic Alzaga Unzué de Pueyrredón Anchorena se resiste a la tecnología, que entre otros males ha traído este de que cualquier tenga teléfono.

Hola, ¿Está la señora?

. ...

- Dígale que la llama Monic...

- ¡Hola Marilin! ¿Cómo estás?...

- M'hija te llamo para contarte lo de la marcha de ayer en Plaza de Mayo. Toda la gente decente estuvo con Blumberg ¡No sabés lo que te perdiste ché!...

- ...

- Sí... ya sé que el general no quiso que ustedes fueran porque no consideraron que fuera conveniente que se viera a los militares o a su familia ahora que esta gente ha comenzado a ventilar ese asunto de lo que ellos llaman violación a los derechos humanos, como si no hubiera sido justo evitar que esos zurdos nos quitaran todo para repartirlo entre la negrada...

- ...

- Claaaaro. Pero hubieras ido igual, allí estaba la Cecilia Pando que es la abogada defensora de unos cuantos militares y también vi al general Cabanillas... Sí, ese al que Juan Gelman acusó de haberse robado a su nieto que nació cuando los militares tenían a su nuera, que dicen que la muchacha murió por culpa de las torturas, pero vaya uno a saber, porque esta gente exagera y miente.

- ...

- ¡Por supuesto! No se sabe quien tiene a ese niño, pero cualquiera que sea lo habrá criado mejor que si lo tuvieran sus parientes que son todos zurdos.

- ...

- Yo empecé a prepararme desde temprano, porque sabía que tendríamos que caminar y una no está acostumbrada, así que le dije a Juanita que me preparara la bañadera con sales y me metí en agua caliente para después ir a ver a la masajista para que me pusiera a punto y por supuesto saqué turno con Albetito, mi coiffeur, que me hizo un peinado modelo manifestante, que quedó de lo mejor... Cuando me estaba bañando, me llamó la Porota Martinez de Hoz para preguntarme que me iba a poner y le aconsejé que se vistiera lo más sencillo posible, porque vos sabés como que a ella le gusta hacer ostentación y era muy capaz de aparecerse con un collar de perlas.

- ...

- Yo me puse un talleurs precioso que le compré a Eduardo Ferahian cuando hizo el Alvear Palace Hotel el desfile a beneficio de las Damas de Caridad de San Vicente de Paul y unos zapatitos de piel de carpincho de me los puse porque son comodísimos y además porque me hacían juego con la cartera y el Rodolfo fue con un traje gris perla que se compró en Lord and Taylor la última vez que estuvimos en Miami.

- ...

- Sí. Te cuento: entre otros muchos vi también al teniente coronel Emilio Nanny, Mauricio Macri, que ese nos falla nunca y que como siempre estaba lindísimo con un traje azul que le quedaba divino. Otro que no podía faltar era López Murphy. ¡Ah! ¡Se me olvidaba!: también estuvieron el Comisario Patty, y el Nito Artaza, que desde que los bancos le robaron su dinero se ha acercado a nosotros cada vez más.

- ...

- Si me enteré que temprano hubo problemas con las locas de Plaza de Mayo que como todos los jueves querían hacer su ronda y no podían porque el palco que habían preparado para nosotros no las dejaba. ¡Habrá se visto insolencia! Ellas creen que son las dueñas de la Plaza y este presidente hasta las ha recibido en la Casa Rosada, después que desprestigiaron al mejor gobierno que ha tenido la Argentina, reclamando por sus hijos, que no eran más que un puñado de subversivos y salieron en los diarios de todo el mundo a decir que se los habían matado. ¡Ah! Dejame contarte que a la que vi de lo más acaramelada con su nuevo marinovio fue a la Mary Zú Villafañe.

- ...

- La misma: la que se le escapó al marido con un polista...

- ...

- Bueno, yo la conozco bien porque fuimos juntas al colegio y aunque las monjas siempre la castigaban por andar manoseándose, te juro que ella no hubiera hecho jamás algo así...

- ...

- Claro m'hija, todo empezó cuando a su marido el teniente de fragata lo acusaron de torturador y todo eso. A ella lo de torturador le importaba un bledo, porque a fin de cuentas ¿Qué es lo que merecía esa gente?... Lo que la puso mal fue que aparecieran esas mujeres diciendo que él las había violado cuando estaban atadas y con los ojos vendados... Él le dijo que eso, como todo lo demás eran mentiras y que todo era una conspiración para desprestigiarlo. Pero la Mary Zú hizo memoria y recordó que en aquel tiempo el teniente la tenía a dieta y que varias veces el sable no le había respondido y desconfió.

- ...

- Eso, eso. Lo que más le molestó fue que fuera con esas chiruzas subversivas. ¿Te das cuenta? Bueno, volviendo a la marcha de Blumberg, te cuento que primero caminamos por Florida viendo vidrieras y en cuanto llego a la plaza ¿Qué veo?: un negro roñoso que había puesto unas chapas debajo de las palmeras y esta encendiendo el carbón para vender choripanes. ¿Te das cuenta que ordinariez? Por supuesto le dije:

- ¿Vos no estarás pensando hacer un asado acá? y el muy guarango me contestó:

- Es para el Presidente.

- Y vos sos un insolente. Le dije. Esta gentuza es la que hay que erradicar. ¡Mirá que confundirnos! Piensan que vamos a hacer como ellos y nos vamos a lavar las patas en la fuente de la plaza. Yo creo que para otras manifestaciones hay que organizar algo así como una distribución de canapés, voulevanes, bitel toné o en última instancia unos sándwichs de miga o algo así.

- ...

- Es que hay que diferenciarse Marilin.

- ...

- Claro que hubo algunas cosas que no me gustaron: Ese Raúl Castells que se apareció con unos cuantos mal vestidos y melenudos, que en rigor a la verdad desentonaban. El Rodolfo me explicó que hacían falta para que no dijeran que esa era una manifestación de oligarcas, pero lo cierto es que no me gusta esa gente. ¡Ah! y otra cosa que me pareció de muy mal gusto, una verdadera provocación: fue cuando de pronto por los alto parlantes se escucho eso de "Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia, comandante Ché Guevara". Esto es algo que sólo puede calificarse de insólito.

- ...

- ¡Y qué lindo el Hugo Marcel cantando la marcha Aurora! Si parecía un acto de cuando el General Videla era Presidente. Te juro que se me corrieron las lágrimas de la emoción.

- ...

- Claro, después nos fuimos a cenar y tomar un champán a La Bourgogne del Alvear Palace, para festejar que vamos camino a la verdadera democracia.

- ...

- ¡Ay, sí! ¡Qué mal gusto! ¿Viste? Mirá que hacer una contramarcha. Ese negro... ¿Cómo se llama...?

- ...

- Sí D'Elia es un desubicado. También Pérez Esquivel, el Premio Nóbel de la Paz, estaba en eso...

- ...

- Si ya supe eso de que abrió. Mirá ¿Querés que te diga una cosa?: Nuestra gran ventaja con estos zurdos es que nunca se ponen de acuerdo. Para mí lo único malo del día de ayer, fue que tuve que despedir a Juanita.

- ...

- ¿Qué crees? Cuando llegué a mi casa, me enteré que había ido a la contramarcha.

- ...

- La tuve que despedir. Uno no puede tener el enemigo dentro de su propia casa.

- ...

- Parece que a mí me va a pasar como a la pobre mami que no encontraba sirvienta porque todas eran peronistas.

- ...

- ¡Ay de eso ni hablar! ¡Qué bien estuvo Blumberg! Le cantó cuatro frescas al Presidente y lo primero que hizo fue decir que a los que estábamos allí no nos habían pagado el sándwich y la Coca Cola, ni nos habían traído en ómnibus. ¡Mirá vos si vamos a necesitar que nos lleven en ómnibus cuando casi todos nosotros tenemos coche.

Carlos Malbrán - Septiembre 2006 -

 

 

 

 

 

  Sobre jardines y delicias Tulia
 

 

I - La novela es apenas el umbral al cuento.
II - Es la novela jardín abandonado; que cuando el artista quita la mala hierba, se convierte en un excelente cuento.
III - Muy pocos escritores tienes la capacidad artística de poder ingresar al mundo insurrecto del cuento.
Yo soy el cuento
Yo soy la novela
Yo soy la poesía
Yo soy el monólogo
En mí están todos los géneros literarios, ja, ja, ja. ¡Salud!

 

Ella siempre me veía; aunque el cielo estuviera obscuro. Me encontraba entre las infinitas formas que tienen las nubes. Se quedaba mirando por largas horas la bóveda celeste (para ella el tiempo no existía); no le daba el valor común que le dan los individuos. Ella podía pasarse "todo el tiempo del mundo", observando un arco iris lejano (sui generis). La capacidad de sus ojos había perdido el color; ahora sólo veía en blanco y negro. En una ocasión se quedó por tres meses mirando un buitre; el cual estaba cerca de su ventana, esperando la muerte. En todo momento miraba mi rostro dentro de su corazón; decía: que ahí tenía marcado su gran amor.

Un Médico pasó ebrio, buscando un paciente, para burlarse de él.

Mientras una enfermera hermosa, besa con ahínco el pene de un paciente.

Una joven llora la muerte de su querido esposo. Las lágrimas parecen que laceran el rostro fino de la morena señora.

Un especialista (en medicina) trata de conquistar a su cliente (ya no son pacientes); y éste encantado cae ante los "embrujos" del homosexual. A lo lejos son dos "mujeres amorfas", que se desean.

A un enfermo del corazón lo abren cual animal (cerdo); operación a corazón abierto, para sacarle todo el odio contenido.

Mientras Tulia; me mira en una pastilla psicotropa, y susurra: ¿Dónde estás mi amor? En el recipiente del agua, mira mi cuerpo, y se excita hasta la locura. Su cuerpo y su mente giran alrededor de mi maravilloso ser. A un señor de camisa blanca le comunica que es importante para ella, mi presencia. También a la licenciada en psicología le confiesa que está enamorada de mis huesos fosforescentes. Y hasta a los pocos "amigos"; como son, las nubes, la luna, el cielo, un ave, les hace saber que me necesita urgentemente. Por las noches aúlla; cual loba herida de pasión.

Sencillo. Los trabajadores de la salud; la someten a unas buenas terapias de electrochoques. Con la clara finalidad de que esté un poco más calmada, más quieta, más manejable, más consigo misma.

Todo pasa como en cámara lenta; mientras caminas con una pequeña dosis de opio en tu cerebro. Nunca pensé ir al hospital psiquiátrico, jamás. Pero mis piernas no me pertenecían, y me encaminaron hacía el nosocomio de locura. Me sentía un gigante con alas; y en momentos parecía que volaba un poco.

Hice algunos trámites de rigor, y me dejaron ver a la "loca", así se expresaban en ese lugar extraño.

Me acompañó una linda servidora de la salud, y en el transcurso me iba platicando, algunas cuestiones triviales. Pero estaba palpitante de una extraña belleza. Me dijo algo así como que me deseaba. Pensé: no estoy escuchando bien. Pero cuando puso sus brazos en mis hombros y me besó, supe que había escuchado perfectamente. ¡Oh, Leoncio, en verdad eres guapo!, me dijo. Sacó de entre sus ropas una jeringa con heroína, y me la mostró, tratando de seducirme con semejante droga. Miré su perfecto cuerpo; y también su antojable alcaloide, que terminé por caer en sus redes. Iniciamos nuestra liturgia sexual-erótica desde el lugar para enfermos; y luego nos dirigimos al departamento de Aurora, así estaba escrito en su tarjeta de presentación que le colgaba del cuello. En el camino me dijo: Siempre esperé que fueras así; un tipo extravagante, guapo, vicioso, elegante, y culto. Recogí esa imagen por las narraciones de Tulia; ella te idolatra. Le levanté un poco la falda blanca y le miré un glúteo, y me percaté de su perfección. Estoy muy bien, dijo mi nueva mujer, mientras se desabotonaba el pecho, para mostrarme sus glándulas mamarias. Nos fuimos tomados de las manos; con un rumbo fijo y un plan inmediato: hacer el amor, y drogarnos un poco.

Un médico X, decía que Tulia, era una esquizofrénica; mientras él se masturbaba mirando a su madre. Era un caso muy confuso.

Otra psicóloga opinaba que la enferma mental padecía psicosis; y que era un caso muy lamentable. Pero esta profesionista tenía relaciones sexuales con su hijo, un jovencito de algunos 14 años de lujuria.

Todo era el caosssssssssss.

Tulia, seguía mirando mi rostro en el hueco de su corazón, donde mis palabras sonaban como una maldición. Dicen, que todas las mañanas entona mi nombre, y lo pronuncia como una triste letanía.

El seis

 

 

 

 

 

El negro y el
doctor Fernández

Cartoneros de Buenos Aires  
 

 

¡Hola Negro!

¡Do'tor Fernández, qué alegría!

¿Cómo van las cosas?

Juntando cartón do'tor. Digamos que no nos va bien, pero que estos son días buenos, porque con la humedad, que pa' algunos es lo que mata, el cartón pesa un poquito más y como nos lo pagan por quilo, la naturaleza se pone del la'o del pobre, ¿vio?

Si algo admiro en usted es su capacidad para encontrar el ángulo positivo de las cosas.

No siempre do'tor. Aquí me tiene: golpea'o.

¿Golpeado?

Como siempre.

¿Cómo siempre?

E'xato... Como cada día.

¡Cómo cada día!

Todos los días ella me golpea.

¿Ella?

Así es... Cada mañana al despertarme...

A ver... a ver... ¿No me dirá usted que su mujer lo golpea cada mañana?

¡No do'tor Fernández! Si usted sabe que hace mucho, que me queda'o sin mujer fija, pa' que no digan que uno discrimina, y últimamente he esta'o durmiendo con una cortita que no levanta la voz pa' que no se le escapen las mariposas que le revolotean en la cabeza... La que me golpea todos los días en cuanto me despierto es la realidad.

¡Ahhh! Ahora comprendo.

Pero ese no mi caso, sino el de casi todos los argentinos. Pero la culpa es nuestra.

Usted cree...

Claro do'tor, la culpa es de nosotros los argentinos que somos compradores de buzones. Nos gusta vivir de ilusiones. ¡Si sabremos de eso nosotros que ya tenemos unos años!

Es cierto, yo me acuerdo de cuando usted tenía melena.

A mí ya se me han vola'o muchas tejas; pero usted tampoco se ablanda con el primer hervor. Pero eso de vivir de ilusiones es viejo... ¿Se acuerda de " Ni vencedores, ni vencidos ."?

En el cincuenta y cinco...

No hizo falta mucho tiempo, para que nos enteráramos que si había vencidos.

... Y que éramos los mismos de siempre.

¿Y de cuándo Alzogaray nos dijo: " Hay que pasar el invierno ."?

Me acuerdo.

La hija nos prometió que en mil días nos bañábamos en el Riachuelo.

Bueno, pero esa tuvo su castigo... Terminó presa.

Cierto do'tor Fernández, pero se la llevaron en cana por lo que afanó en metálico, porque en este país, no se castiga al que roba ilusiones.

... Y a los que roban dinero, no siempre.

Si usted afana poco, sí, acuérdese de aquel pibe pobre, al que por robar una moneda de un peso en Córdoba, la justicia lo condenó a cinco años de cárcel y a Angeloz, que cuando era gobernador de esa provincia, la vació en 1.500 millones de pesos, la misma "justicia", lo absolvió por "falta de pruebas".

No hay dudas de que nacimos en un país resistente, mi querido Negro.

Resistente y soñador do'tor. Si alguien viene y le dice a un argentino que tiene el mapa de la Isla del Tesoro, la pregunta que le hace no es si está seguro de que el mapa no es trucho, o si existe la seguridad de que tal tesoro existe, sino cuándo salimos a buscarlo y lo hacemos sin averiguar siguiera si tenemos pasaje de regreso.

¿Y cuál es el golpe que lo ha afectado ahora?

El mundial do'tor, el mundial. Yo como todos viví un mes de ilusión, para terminar llorando. ¡Qué decepción!

¡Dígamelo a mí que estoy entre los arrepentidos!

¿Arrepentido?

Figúrese usted que yo como muchos me compré el televisor de plasma, seguro de que iba a ver a nuestros muchachos levantando la copa. Además lo hice porque había una promoción que prometía que si la Argentina salía campeón me regalaban un televisor igual al comprado.

¿Vio do'tor que vivimos de ilusiones?

No iba yo a ser la excepción.

La noche que le ganamos a Servia y Montenegro, perdí guita, porque en lugar de recoger cartón, me vine al centro a festejar.

Pero ya se acabó la fiesta colectiva. Despertamos de un sueño.

Otra vez la realidad nos golpea.

Tiene razón.

Despertamos a un mundo con papeleras contaminantes, elecciones afanadas en México, genocidio israelí en la Franja de Gaza y en el Líbano.

¡Qué horror! ¿A visto?

Es una masacre: Misiles contra población indefensa.

... y pensar que yo siempre defendía a los judíos.

Yo también do'tor, pero no confundamos, hay judíos y judíos...

Es verdad.

No se olvide que Hitler era judío.

Cierto.

... y Enstein también.

Sucede que los gobernantes de Israel, parecen de la familia del Adolfo.

Lo triste es que los millones de seres humanos que se emocionaban con el Mundial de Fútbol, parece no conmocionarse con la matanza de niños inocentes en la Franja de Gaza o en el Líbano. ¿Cómo es posible que el mundo permanezca indiferente ante la muerte?

La tele do'tor. La tele ha logrado eso...

¿?

Claro do'tor. La tele es el valimun del sistema para mantenernos dormidos y ha convertido todo en la "TV espectáculo" que guía nuestra atención. Hasta las noticias, que " fabrican " atención, con las cosas más truculentas o las más bellas.

Como el Mundial de Fútbol...

Claro, pa' ellos, el más hermoso de los deportes es sólo un negocio. Como también lo es un crimen, un robo, o una violación. Antes, en las noticias se decía: " Afortunadamente no hubo víctimas que lament ar". Ahora poco falta para que digan: " Lamentablemente no hubo víctimas ". La muerte ha pasado a ser un producto: La tele vende todo: ídolos del deporte y el espectáculo; moda fashion, jabones que devuelven la juventud y champú que te deja el pelo lacio o ondulado, según te venga en ganas.

Claro.

Y así como ayer nos vendieron las alternativas del mundial, hoy nos esconden la realidad de lo que está haciendo Israel, porque igual que " fabrican " atención, " fabrican " indiferencia, porque así les conviene a los poderosos.

Cuanta verdad, mi querido Negro: fíjese que a la invasión de Gaza y el Líbano, no la llaman por su nombre y en lugar de invasión dicen: " conflicto ".

... y al asesinato de pobladores desarmados le llaman " guerra ". No ocultan la noticia, sino que la amplían deformada para que el mundo entero se trague su versión.

En éste caso " achican " la tragedia y el mundo entero la acoge con una dosis de indiferencia.

Así es do'tor Fernández. Bueno, ahora me voy que ya casi es la hora del tren de los cartoneros.

Un gusto charlar con usted Negro, otro día tomamos un café.

Me lo queda debiendo. Me voy temprano, porque hoy comienzo a vivir otra ilusión...

¿Cuál es ahora?

Dentro de cuatro años salimos campeones.

Pero... ¿No dice usted mismo que todo es un invento de la tele?

De algo hay que vivir do'tor... ¿Sino cómo hacemos para piantar de la realidad?

Quizá tenga razón...

Chau do'tor Fernández y saludos a la patrona.

Hasta siempre querido.

Carlos Malbrán - julio de 2006 -

 

 

 

OTROS RINKONES
Circo Zoocial
Cuento
El espejo
Ghost
Se llamaba Silvio
Nicolás Fiks por Nicolás Fiks
Cibercanibalismo
Problemas con la memoria
Entrevista con Pepe Sánchez
Historia de un disco de 3 1/2
Una mujer inconveniente
El día que me cansé de trotar por el parque
Micaela
Como muchos adolescentes
Entrevista con M. Ángel Mendo
Amapola
El brindis (Adagio)
Hablando del tiempo
Ieshua - Entre naipes y pañuelos de colores -
Perro Canalla
Es un caso insólito
Llorando te escribo cuñada
Un pendejo de mierda

 

Envia tus obras a Acontratiempo
acontratiempo@acontratiempo.net