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  Música concreta y filosofía contemporánea Música concreta
y
filosofía contemporánea
(II Parte)

 
 

 

En esta segunda entrega de 'Música concreta y filosofía contemporánea' [II Parte] se esbozará una lectura del mundo como sistema polifónico de sonidos y una analogía entre la música y la vida humana inspirada en el análisis de la obra de Peter Sloterdijk.

Sloterdijk, un "nuevo y genial Nietzsche"

¿Quién es Peter Sloterdijk? La nueva estrella de la filosofía mundial, que dirige la Universidad de Karlsruhe. Célebre por su ya legendaria 'Crítica de la razón Cínica'.. Un visionario, un "nuevo y genial Nietzsche", el filósofo alemán más célebre después de Jürgen Habermas o el supuesto responsable -a través de la publicación de su "Reglas para el Parque Humano" de abrir las puertas a la eugenesia y con ello convocar los fantasmas del nacional-socialismo -que aun se ciernen sobre el inconsciente colectivo de Alemania, que reviven con el anuncio de una era antropotécnica caracterizada por los experimentos. y la manipulación genética.

De una gran cultura filosófica, bella retórica -consciente de su afinidad con la música- y un estilo provocador. Sloterdijk enfrenta los problemas de su tiempo con las armas de un fenomenólogo agudo, atento y perspicaz, que desea escribir una "ontología de nosotros mismos". Su independencia le lleva, sin reparos, no sólo a mostrar su vasta discrepancia con "el sueño ilustrado", sino que además a hacer suyas las propuestas de filósofos incómodos y no siempre bienvenidos en Alemania: Nietzsche y Heidegger.

1.- El olvido del ser desde todos los altavoces.

La música que atesoramos, que nos habita y secuestra, provoca un ahondamiento, una receptividad hacia emociones que de otro modo nos serían desconocidas. Los intentos de desarrollar una psicología, una neurología y una fisiología de la influencia de la música sobre el cuerpo y la mente se remontan a Pitágoras y la magia terapéutica, pasando por Schopenhauer y Nietzsche, hasta llegar a Sloterdijk, quien plantea como basamento de este interrogar, como pregunta estrictamente filosófica, exploratoria de la experiencia musical: ¿dónde estamos, cuando escuchamos música? A la que podríamos añadir ¿a dónde nos dirigimos cuando escuchamos música? O, mejor aún, ¿hacia dónde somos conducidos?

La música puede invadir y sensibilizar la psique humana ejerciendo una especie de secuestro del ánimo, con una fuerza de penetración y éxtasis, tal vez sólo comparable a la de los narcóticos o a la del trance referido por los chamanes, los místicos y los santos. No es casual que la palabra alemana Stimmung signifique "humor" y "estado de ánimo", pero también comporte la idea de "voz" y "sintonía". Somos "sintonizados" por la música que se apodera de nosotros . La música puede transmutarnos, puede volvernos locos a la vez que puede curarnos. La importancia de la música en los estados de anormalidad del ánimo es un hecho reconocido incluso en el relato bíblico donde David toca para Saúl. Las estructuras tonales que llamamos 'música' tienen una estrecha relación con las formas de sentimiento humano -formas de crecimiento y atenuación, de fluidez y ordenamiento, conflicto y resolución, rapidez, arresto, terrible excitación, calma o lapsos de ensoñación- quizás ni gozo ni pensar, sino el patetismo de uno u otro y ambos, la grandeza y la brevedad y el fluir eterno de todo lo vitalmente sentido. Tal es el patrón, o 'forma lógica', de la sensibilidad, y el patrón de la música es esa misma forma elaborada a través de sonidos y silencios. La música es así "una analogía tonal de la vida emotiva"

La música es el arte de la personificación, de la escenificación de las emociones. La música cumple una función política y religiosa, incluso "sagrada", de cohesión del cuerpo social; la utilización de medios de amplificación del sonido se inscribe en una estrategia de ruptura con los códigos identitarios, con la eclosión de la heterogeneidad, con la producción de una animosidad colectiva. Los himnos han equilibrado la nostalgia, han acallado el estupor e incluso enjugado lágrimas, evitando la disolución de los sujetos y contribuido a la conservación de lo humano en un solo cuerpo tonal. Así, en las edades, en la sucesión histórica, en el progresivo deterioro de las sociedades, en las épocas de fatiga y devastación, en los tiempos de asolamiento, de la caída de imperios y la irrupción de las hordas, cuando los tiempos amenazaban hacerse demasiado sonoros, allí irrumpía el genio, el músico que insertaba, contra el positivismo de orquesta y la obstinación de los compositores, recogimiento, silencio y secreto. Restaurando la armonía global.

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Adolfo Vásquez Rocca

 
 

 

 


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