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Publicaciones digitales y revistas filosóficas

Publicaciones digitales y revistas filosóficas
 

 

Desde los años ‘90 hasta hoy la Red ha evolucionado considerablemente. Sistemas de publicación, más iniciativas, mejores tecnologías digitales, más usuarios y lectores.

Dada la instrumentalización radical a la que nuestra sociedad se ha visto llevada por muy diversos y complejos motivos, el mercado en general y muy particularmente el editorial, en la medida en que convencionalmente ha sido el encargado de la difusión de ideas, se ha convertido o en una forma de ganar dinero o en una plataforma ideológica de determinados grupos de poder.

Ante esta situación, por todos conocidos, pareciera que no quedaba resquicio alguno por donde introducir un pensamiento que no pretendiese o ganar dinero o legitimar alguna forma de dominación.

Si el desarrollo social humano se puede caracterizar por algo es por incrementar de forma constante los modos y formas de comunicación, pero no resulta difícil imaginar que la red termine siendo controlada por aquellos que esperan beneficios de cualquier cosa y muy especialmente de la producción de ideas. Eso es lo que sistemáticamente se ha producido, uno a uno han ido cayendo bajo el control de grupos de intereses los medios de comunicación que las sociedades humanas han producido. Internet tiene el consuelo de que siempre habrá un nivel de vulnerabilidad que permitirá que nunca nada en ella sea fiable. Este es un conocimiento importante porque no permite que la gente idolatre el medio y acepte sin desconfianza la información o el conocimiento que transmite. Internet obliga a contrastar la información a complementarla o ampliarla, invita a la comunicación, crea, en definitiva comunidad.

En este sentido ha tenido lugar un importante cambio en los últimos años conforme Internet se ha ido imponiendo como el mejor medio en la difusión de ideas. Todavía queda el recelo respecto a quién está detrás de cada cosa y todavía queda el contraataque que desde los medio establecidos, que representan a los grupos de poder y de interés, se realiza, pues ellos siguen teniendo el control de las agencias de evaluación, de las revistas “prestigiosas”, de las cátedras universitarias y de los medios masivos de comunicación, pero inevitablemente la publicación electrónica se equiparará con otras formas tradicionales en los que se asientan en la actualidad los derechos, los méritos o la propiedad.

Es habitual, por ejemplo, que el autor, generalmente académico y no familiarizado con la Web, cuando publica en iniciativas on line su mayor preocupación son los derechos de autor, si le copiarán sus textos, si su obra será reconocida y valorada de la misma forma que en formato papel.

Frente a esto cabe reivindicar una idea que constituye o, más bien debiera constituir uno de los principios de la Web, entendida esta como una comunidad horizontal de conocimientos, y es que lo verdaderamente valioso son las ideas y éstas no tienen dueño. En el número cinco de A Parte Rei se tradujo y publicó el trabajo del Critical Art Ensemble “El plagio utópico, la hipertextualidad y la producción cultural electrónica” el que, junto a “El Hipertexto y las nuevas retóricas de la Postmodernidad; textualidad, redes y discurso ex –céntrico” se ha convertido en una especie de ideario, del que se desprende una consideración valórica para toda la comunidad que interactúa en la Web, y es que se debe reivindicar el valor del trabajo del pensar y no la instrumentalización sistemática y aniquiladora que se hace de esta tarea. De ahí que ciertas prácticas descalificadas –como mal espíritu deportivo– por los lugares comunes de la crítica al medio informático, deban ser reivindicadas, y esto con sólidos argumentos desde la propia empresa del conocimiento y la cultura.

Argumentemos:
Las ideas mejoran. El significado de las palabras participa de esta mejora. El plagio es necesario. El progreso lo requiere. El plagio abraza la frase de un autor, utiliza sus expresiones, borra una falsa idea y la sustituye por otra correcta.

“En su forma más heroica, la nota a pie de página tiene una función hipertextual de baja velocidad, esto es, al poner en contacto al lector con otras fuentes de información que pueden más tarde articular las palabras del productor. Señala información adicional demasiado larga para poder incluirla en el mismo texto. No es una función objetable. La nota a pie de página es además una forma de vigilancia sobre un escritor, para asegurarse que no está utilizando de forma impropia una idea o frase de la obra de otro escritor. Esta función convierte a la nota en algo problemático, aunque pueda ser conveniente en tanto que se trata de una forma de comprobar las conclusiones en un estudio cuantitativo, por ejemplo. La función de vigilancia de la nota a pie de página impone interpretaciones fijas en una secuencia lingüística e implica la propiedad del lenguaje y de ideas por parte del individuo citado. La nota se convierte en un homenaje al genio que supuestamente ha sido el artífice de la idea” .

Es así como la reconfiguración del concepto de autor, bajo el de escritura cooperativa, evita la hipostación de remitir el texto a una figura fantasmagórica –la del autor– que se encuentra fuera de él (del texto) y lo precede. Punto de vista que generaba esa apariencia de personalidad, que creaba la ficción de poder sacar o derivar una personalidad a partir –o como soporte de los textos–, creyendo hallar en ello una prueba de que existe una personalidad unificada “detrás” o “dentro” de los textos o incluso “implícita”.

La producción cultural, literaria o de cualquier otro tipo, ha sido siempre un proceso largo y laborioso. Una empresa colectiva. Hoy debemos entender las parcelas del saber como comunidades de retóricas, las que a su vez deben estar abiertas al dialogo interdisciplinario.

Adolfo Vásquez Rocca

 

 
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