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Sargento Camilo Mejía

El caso del Sargento
Camilo Mejía

 

 

El Sargento de la Guardia Nacional de Florida, Camilo Mejía, es originario de Nicaragua, hijo del cantautor Carlos Mejía Godoy (1). Pasó su infancia allí hasta los 15 años; así recuerda a sus padres "involucrados con la Revolución Sandinista, y cómo el gobierno de Reagan intervino en la guerra civil que tuvo lugar en Nicaragua y fundó la Contra. Era una guerra mercenaria que sacudió la economía, y bueno, era una sociedad muy justa. Era una sociedad y una forma de gobierno sin afiliación oficial con nadie. Fui a una escuela católica privada cuando estuve ahí, así que no pueden decir que era un país comunista. Había empresa privada, así que en realidad no pueden decir que Nicaragua era comunista o incluso socialista. Era solamente un país, saben; era solamente una forma de gobierno que trataba de construir una sociedad más justa para todos. Recuerdo que daban vacunas a todos los niños. Enseñaban a todos a leer y a escribir. Todos cosechaban café, y era un sueño, era una sociedad soñada por un tiempo. No es un buen ejemplo si eres una superpotencia en el mundo, y la única forma de alimentar tus necesidades es a través de la opresión. Y así que promueves la inestabilidad y alientas y financias guerras mercenarias -y saben que viví ahí. Fui sacado de alguna manera de esa realidad porque era muy privilegiado. Pero se quedó en mí; permaneció conmigo en alguna parte, dentro de mi mente, en mi memoria de alguna forma.

Ese sentimiento de injusticia resurgió en Iraq, no mientras era oprimido sino mientras era un instrumento de opresión. Regresó de alguna parte de mi conciencia, de mi memoria, de la historia de mi vida, y tomó completamente el control, así que aquí estoy." (2) Después de 3 años en Costa Rica, a los 19 años su familia lo llevó a Estados Unidos donde su abuela era ciudadana norteamericana. Camilo entró en el ejercito de los EEUU en 1995 atraído por los sobornos que los reclutadores ofrecían entre 30.000 y 40.000 dólares como "ayuda" para pagar sus estudios universitarios. Fue reclutado en el último año de su escuela secundaria (1). De 1995 a 1998, fue un soldado de infantería en una unidad mecanizada en Texas. Luego regresó a la universidad de psicología y se unió a la Guardia Nacional. Cada contrato militar se firma por tres años, pero en realidad dura ocho años, así que aún tenía cuatro y medio antes de que terminase su plazo. Apenas un semestre antes de obtener su graduación universitaria, y justo dos meses antes del término del contrato de ocho años, su unidad fue activada para ir a Iraq en apoyo a la Operación "Libertad para Iraq" a donde fue destinado en abril de 2003.

Antes de incorporarse ya tenía sus dudas sobre los motivos de esa guerra. " No estaba de acuerdo con la tendencia del gobierno a gritar "¡Guerra!" pese a carecer de evidencias de armas de destrucción masiva, y de nexos entre los ataques terroristas del 11 de septiembre y Saddam Hussein. Acerca de casi todo lo que decían por lo que íbamos a la guerra, porque no parecía tener sentido. Así que estaba en desacuerdo con las razones que daba el gobierno." (2) Pero cuando llegó allí comenzó a dudar seriamente sobre la moralidad y la legalidad de la guerra. "Una vez que fuimos a Iraq y comenzamos a meternos bajo fuego, y comenzamos a ser emboscados y atacados con cohetes y morteros y dispositivos explosivos artesanales en el camino, comenzamos de hecho a mirar el rostro real de la guerra, saben: gente muriendo." (2) En octubre de 2003 regresó a Estados Unidos con un permiso de dos semanas, y sus dudas se convirtieron en certezas. Antes de acabar su permiso ya sabía que no se reincorporaría a su unidad en Iraq. "empiezas a hacerte preguntas sobre la validez de las razones dadas para la guerra, intentas encontrar tus propias justificaciones para hacer todo lo que hiciste, y bueno, por ser parte de una guerra. Y al final encuentras que es. es una guerra imperialista, y es una guerra para el beneficio corporativo, y bueno, ni una persona debería morir por eso. Así que con la conciencia clara, no podía regresar. No podía ser parte de ello. Así que decidí no regresar." (2) El 16 de marzo de 2004 solicitó ser licenciado como objetor de conciencia, afirmando que creía que la guerra y la ocupación de Iraq eran "ilegales e inmorales" y desaprobando la conducta de las tropas estadounidenses con los civiles y prisioneros iraquíes. En su solicitud para que se le concediera la condición de objetor de conciencia, Camilo Mejía describió las condiciones de detención de los prisioneros iraquíes, antes de que los medios de comunicación a finales de año dieran a conocer algunos casos presentados como excepcionales. Describió como a los soldados se les ordenaba "quebrar la voluntad del detenido" utilizando métodos como impedirles dormir golpeando paredes de metal con mazos y cargar armas al oído. También contó cómo presenció el asesinato de civiles, mujeres y niños incluidos. "Intenté hacer legal mi caso a través de los canales legales apropiados entre los militares. Las cosas no funcionaron, así que busqué consejo civil me escondí y escribí mi solicitud para ser objetor de conciencia." (2) En marzo del año pasado Camilo abandonó valientemente la clandestinidad y dio la cara. "públicamente expresé mi oposición a la guerra, en términos morales, religiosos, espirituales, éticos y políticos. Dije que esta es una guerra por el petróleo, y que no soy un mercenario, y no iba a participar de la guerra, y procedí a entregarme al derecho militar luego de eso".(2) Incluso participó en programas de TV y fue entrevistado por Michael Moore. El 21 de mayo de 2004, un tribunal militar estadounidense le condenó a un año de cárcel por deserción. Además en la prisión fue condenado a confinamiento solitario sin duda para intentar evitar que contaminase a otros presos con su visión crítica. Fue condenado también a degradación de E6 a E1, reducción de dos tercios de su paga y una licencia por mala conducta.

Amnistía Internacional lo consideró desde 2004 preso de conciencia, al contrario que el tribunal militar que lo juzgó, encarcelado por negarse a participar en la guerra por motivos de conciencia (3). El ex fiscal general del estado Ramsey Clark, comparando el caso con el de los torturadores del ejército hizo referencia a "la increíble ironía que supone el hecho de que estamos juzgando a soldados en Iraq por violar el derecho internacional y a un soldado en Estados Unidos por negarse a hacerlo". Con 28 años, pasó su sentencia en Fort Sill, Oklahoma, encerrado en una instalación de confinamiento durante ocho meses y tres semanas (salió antes por buena conducta y trabajo cumplido). Desde su liberación ha seguido comprometido con el movimiento contra la guerra dando conferencias por todo el país: "Estoy acá para decir que continúo en desacuerdo no solamente con esta guerra sino con todas, y sigo diciendo que esta es una guerra por el petróleo y por la dominación imperialista, y sigo prestando mi voz para hablar y decir que no deberíamos estar allá." Su madre Maritza Castillo, que intentó infructuosamente que no entrara en el ejército y le apoyó durante su encarcelamiento, ha resaltado en una entrevista: "Es importante que el mundo sepa que hay miles de soldados, jóvenes resistiendo a la guerra; mi hijo fue el primero en denunciarlo públicamente, pero hay muchos que están huyendo a otros países, y dentro de los EEUU muchos viven escondidos, en la oscuridad, huyendo para no ir. Hay además un movimiento que se está organizando de veteranos de Iraq contra la guerra, junto con veteranos de Vietnam, y hay cientos de jóvenes que se están aplicando a la objeción de conciencia".(1) Referencias enlaces y contactos.

(1) Omar sierra "entrevista a Maritza Castillo " http://www.rebelion.org/noticia.php?id=9138

(2) Ron Smith "El largo viaje de conciencia de Camilo Mejía desde Nicaragua a Iraq y hasta la prisión militar". The Narco News Bulletin. 10 de mayo de 2005 http://www.narconews.com/Issue37/articulo1284.html

"RECUPERAR MI HUMANIDAD". Carta del Sargento Camilo Mejía. Militar del ejército USA condenado a prisión por no querer participar en la guerra de Iraq. "Fui enviado a Iraq en abril de 2003 y en octubre regresé a Estados Unidos con licencia por dos semanas. Retornar a casa me dio la oportunidad de poner mis pensamientos en orden y escuchar lo que mi conciencia me decía. La gente me preguntaba por mis experiencias de la guerra y al responder volvía a vivir todos los horrores: los tiroteos, las emboscadas, la vez que vi cómo arrastraban por los hombros a un joven iraquí sobre un charco de su propia sangre o cuando el fuego de nuestras ametralladoras le arrancó la cabeza a un inocente. La vez que presencié el derrumbe emocional de un soldado porque había matado a un niño, o cuando un anciano cayó de rodillas y gritaba levantando los brazos al cielo, como preguntando a Dios por qué nos habíamos llevado el cuerpo sin vida de su hijo. Pensé en el sufrimiento de un pueblo cuya patria estaba en ruinas y encima era sometido a nuevas humillaciones por los allanamientos, las patrullas y los toques de queda de un ejército de ocupación. Y caí en cuenta de que ninguna de las razones que nos dieron para estar en Iraq era cierta. No había armas de destrucción masiva. No había vínculo entre Saddam Hussein y Al Qaeda. No ayudábamos al pueblo iraquí y ese pueblo no nos quiere tener allá. No prevenimos el terrorismo ni hacemos más seguro a nuestro país. No pude encontrar una sola razón para haber estado allá, disparando contra personas y siendo blanco de disparos. Venir a casa me dio claridad para ver la línea entre el deber militar y la obligación moral. Me di cuenta de que formaba parte de una guerra que me parecía inmoral y criminal, una guerra de agresión, una guerra de dominación imperial. Me di cuenta de que actuar según mis principios resultaba incompatible con mi función en el ejército, y concluí que no podía volver a Iraq. Al deponer mi arma escogí reafirmarme como ser humano. No he desertado del ejército ni he sido desleal a los hombres y mujeres del ejército. No he sido desleal a una patria. Solamente he sido leal a mis principios. Cuando me entregué, con todos mis temores y dudas, no lo hice únicamente por mí. Lo hice por el pueblo de Iraq, incluso por los iraquíes que me dispararon: ellos sólo estaban del otro lado de un campo de batalla en el que la guerra misma es el único enemigo. Lo hice por los niños de Iraq, que son víctimas de las minas y del uranio empobrecido*. Lo hice por los millares de civiles desconocidos que han muerto en la guerra. El tiempo que dure en prisión es un precio pequeño comparado con el que iraquíes y estadounidenses han pagado con su vida. Un precio pequeño comparado con el que la humanidad ha pagado por la guerra. Muchos me han llamado cobarde, otros me dicen héroe. Creo que se me puede encontrar en algún punto medio. A quienes me han dicho héroe les digo que no creo en los héroes, pero sí creo que personas ordinarias pueden hacer cosas extraordinarias. A quienes me llaman cobarde les digo que se equivocan y que, sin saberlo, también tienen razón. Se equivocan en creer que dejé la guerra por miedo de que me mataran. Reconozco que había miedo, pero también estaba el temor de matar inocentes, de colocarme en posición de tener que matar para sobrevivir, de perder mi alma en el proceso de salvar mi cuerpo, de perderme para mi hija, para la gente que me ama, para el hombre que antes fui, el hombre que quiero ser. Tenía miedo de despertar una mañana y darme cuenta de que mi humanidad me había abandonado. Digo sin ningún orgullo que desempeñé mi cometido como soldado. Mandé un batallón de infantería en combate y nunca dejamos de cumplir nuestra misión. Pero quienes me llaman cobarde, sin saberlo, también tienen razón. Fui cobarde no por dejar la guerra, sino por haber sido parte de ella en un principio. Oponerme a la guerra y resistirla era mi deber moral, un deber que me llamaba a realizar una acción basada en principios. En vez de mi deber moral como ser humano opté por cumplir mi deber de soldado. Todo porque tuve miedo. Estaba aterrado: no quería enfrentar al gobierno y al ejército, temía el castigo y la humillación. Fui a la guerra porque en ese momento era un cobarde, y por eso pido perdón a mis soldados, por no ser líder en lo que debí serlo. También pido perdón al pueblo iraquí. A él le digo que lamento los toques de queda, los allanamientos, las matanzas. Ojalá encuentren en sus corazones ese perdón para mí. Una de las razones por las que no me opuse a la guerra en un principio fue porque tenía miedo de perder mi libertad. Hoy, sentado tras barrotes, me doy cuenta de que existen distintos tipos de libertad, y que pese a mi confinamiento sigo libre en muchas formas importantes. ¿De qué sirve la libertad si tenemos miedo de seguir los dictados de nuestra conciencia? ¿De qué sirve si no somos capaces de vivir con nuestros actos? Estoy confinado a una prisión, pero me siento más conectado que nunca con toda la humanidad. Detrás de estos barrotes soy un hombre libre porque escuché a un poder superior, la voz de mi conciencia. Mientras estaba confinado en aislamiento total, me encontré un poema de un hombre que rechazó y se resistió al gobierno de la Alemania nazi. Por ello fue ejecutado. Se llamaba Alfred Hanshofer y escribió este poema mientras aguardaba la ejecución. Culpa La carga de mi culpa ante la ley es ligera sobre mis hombros; conspirar era mi deber para con el pueblo: de no ser así habría sido un criminal. Soy culpable, pero no en la forma que creen. Debí haber cumplido mi deber antes, hice mal; debí llamar al mal por su nombre, vacilé demasiado tiempo en condenarlo. Ahora me acuso con el corazón: he traicionado mi conciencia demasiado tiempo, me engañé a mí mismo y a mi prójimo. Desde el principio supe el camino que seguía el mal".

(* ) Nota de la editorial: El uranio empobrecido no es uranio empobrecido

Alfredo Embid

 

 
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