PRIMER ACTO
Despacho del coronel. Una mesa de madera antigua con un sillón de terciopelo y, al otro lado, dos sillas. En la otra parte, un mueble bar, una vitrina con trofeos, archivadores metálicos, una ventana que da al patio de armas. Tras el sillón del coronel, un piano electrónico, de los primeros que se fabricaron, medio oculto por un biombo. La puerta que se ve da a una pequeña antesala (un cuartito con mesa para el ordenanza).
El coronel, un tanto beodo, está dando vueltas por el despacho con unos auriculares muy grandes puestos. El cable y el jack de conexión arrastran por el suelo.
Llaman a la puerta. El coronel corre a sentarse al piano y se pone a tocar. No se oye la música que hace, porque el piano está desconectado, pero canturrea de vez en cuando, como si realmente estuviera enfrascado en un conocido tema de música clásica.
Vuelven a llamar. Entra Jaime, el ordenanza. Nick espera tras él.
JAIME: Da unos pasos dentro y otea tras el biombo. En voz baja:) Ahora no se puede. Está tocando el piano.
NICK: Qué pasa?
JAIME: Quiere cerrar la puerta, por fuera.) No, que está tocando. Tienes que esperar.
NICK: Le echa a un lado y entra.) Quita. (Se asoma y le ve tocando, de espaldas, tras el biombo.) Está pedo el muy cabrón, ¿no?
JAIME : Seguramente. Bebe como un cosaco. Venga, sal, Nick.
NICK: Y no oye nada? ¡Eh...! ¿No oyes? ... No se entera.
JAIME : No. Hay días que se tira una hora tocando. Yo nunca le he oído pero debe de tocar muy bien. Venga, sal de una vez. ¡Que te va a ver!
NICK : Me toca los cojones.
Nick se acerca a la mesa y mira por todas partes. Incluso se pone por la parte de atrás de la mesa, del lado del coronel. Jaime le hace gestos, nervioso. Nick se sienta en el sillón del coronel. Jaime se acerca a él.
JAIME : Susurrando.) ¿Qué haces? Levántate de ahí, tío.
NICK : ¿Para qué me ha mandado llamar este hijoputa?
JAIME : ¡Y yo qué sé! Anda, por favor, levántate, que luego me la cargo yo.
NICK : ¿Tú? ¿Y por qué te la ibas a cargar tú?
JAIME : No soporta que le toquen sus cosas!
NICK : Ni yo soporto que me toquen las mías!
JAIME : Venga, Nick, no te compliques más las vida, anda.
NICK : Tú tranquilo, ¿vale? Es asunto mío. (Coge una foto de encima de la mesa.) A este tío se la tengo jurada. No me voy a olvidar de él mientras viva, te lo aseguro.
JAIME : Me parece que todavía no le conoces lo suficientemente bien.
NICK : ¿Al "Pimentero"? Es un hijoputa y con eso está dicho todo. Quién es ésta. (A la foto enmarcada).
JAIME : (Mirando al coronel, inquieto). Déjala donde estaba. Es su hija. Se llama Sara.
NICK : Pues está buenísima. Tiene cara de ir a por todas, la cabrona.
Jaime le quita la foto y la coloca donde estaba.
JAIME : Venga, Nick, que no quiero empezar a tener problemas, en serio. Levántate.
NICK : Se levanta, vuelve a coger la foto y se enfrenta a Jaime.) ¡Oye, chaval, no te pongas borde, eh! ¡De listillos y pelotas como tú estoy ya hasta los cojones!
JAIME : Vale, vale. Tranquilo. Si te quieres meter en un lío, pero en un lío gordo, allá tú.
NICK : Eso es. (Se vuelve a sentar, con la foto en la mano.)
JAIME : Pero yo me voy a mi mesa. (Se va a ir.)
Nick toca el timbre que hay sobre la mesa, como el de los hoteles. Jaime se vuelve asustado.
JAIME : Sin levantar la voz.) ¡¿Pero qué haces?!
NICK : No ves que no oye nada? (Vuelve a tocar el timbre) . No se entera. (Mira hacia el coronel. Toca tres veces más, con toda su fuerza.)
JAIME : Echándose encima de él.) ¡Vale ya! ¡Vale! ¿No?
Nick le agarra de las solapas y le lleva al centro del despacho a empujones.
NICK : Te he dicho que te metas en tus asuntos y te olvides de mí!
El coronel canturrea en ese momento con más pasión. Nick y Jaime se quedan mudos y miran al coronel, que sigue tocando.
JAIME : Joder, tío, me la voy a cargar yo. ¡Vámonos!
NICK : No ves que no se entera? Además está pedo. (Pausa.) Bueno, ¿y cuándo le va a salir de los cojones dejar de tocar?
JAIME : No sé. Nada más llegar me ha dicho que te vaya a buscar. Y no sé más. Por lo menos te has librado de recoger colillas del patio, y de la gimnasia, ¿no? Y si tarda un rato más, hasta de la formación.
NICK : Ya. ¿Y de todo lo demás también? ¿Me voy a librar hoy de verle la jeta al cerdo ése, al "Caramoco"?
JAIME : ¿A quién?
NICK : Al cabo primero de las cocinas, al "Caramoco".
JAIME : Ojalá, tío. ¿Estás en cocinas?
NICK : ¿En cocinas? Y en váteres, y en el "carro de la alegría"...
JAIME : Qué?
NICK : Cómo se nota tu enchufe, tío. El camión de la basura, coño.
JAIME : (Serio.) No tengo ningún enchufe.
NICK : Ah, no? Pues te pegas una vida del copón. ¿Qué es, por tu cara bonita?
JAIME : Puede. He tenido suerte, y punto. Mucha suerte. No he tenido que hacer instrucción apenas. Y me voy. No quiero que la suerte se me acabe de repente. ¿Te parece mal? (Se da la vuelta para irse.)
NICK : Un momento, joder... ¿Cuánto llevas aquí?
JAIME : Cuatro meses. Por lo visto, a los seis meses, cuando llega otro reemplazo, cambia de ordenanza. Reúne a todos los que saben escribir a máquina y lo elige él personalmente. Lo hace siempre así.
NICK : Ya. ¿Y dónde te manda luego?
JAIME : A oficinas. O a donde yo quiera. Trata muy bien a sus ayudantes. O eso es lo que me han dicho.
NICK : Qué pasa, que se la meneáis todas las tardes?
JAIME : Eres un gilipollas, Nick. Había oído hablar de ti, pero no sabía que fueses tan gilipollas. Me habían dicho que eras un tío legal, que no estabas nada... nada endiosado.
NICK : Estoy endiosado? ¿Eso te parece? Pringando aquí como un enano...
JAIME : No sé... Te veo muy lanzado. Muy gallito. Sé que "el Pimentero" te está machacando. Lo sabe todo el cuartel. Te tiene manía. Los famosos pueden tener problemas con él. Si le caes mal, la has cagado. Pero además, en tu caso, es que odia el rock, a los cantautores y a todo eso.
NICK : Que le den por culo.
JAIME : Bueno, el asunto es que tú has tenido mala suerte con el tipo éste. Y yo la he tenido buena. ¿Me vas a fastidiar a mí por eso? (Pausa.)
NICK : Vale, vale. No te enrolles más que me vas a hacer llorar. Venga, ahora suelta de una puñetera vez: ¿Para qué me ha llamado? ¿Que quiere este cabrón de mí ahora?
JAIME : Te digo que no lo sé, en serio. Pero, de todas formas, si te va tan mal... No creo que vaya a ser para peor, ¿no?
NICK : No me fío nada de este cerdo. Ahora mismo tendría que estar en México. Estoy perdiendo mucha pasta por estos maricones. ¡Y la pasta no la regalan, coño!
JAIME : laro. Tú te creías que no ibas a hacer la mili casi ¿no? Que como eres tan... famoso, tan popular, una estrella de rock, te iban a dejar irte todos los días a ensayar, a tocar por ahí, con tu tupé, tus melenitas, tus patillas...
NICK : Menos coña, tío. Con mi rollo y punto. Yo vivo de eso.
JAIME : Ya. Y yo hasta hace cinco meses estaba currando en un discoteca de lujo, no te fastidia. Y era un buen curro. De puta madre. Y ahora estoy aquí tocándome las narices en ese cuartito de ahí, esperando que al señor le apetezca tomarse un café, o que vaya a buscar al capitán, o que... Yo qué sé...
NICK : A que toque el timbre, ¿no? (Nick se acerca a la mesa y toca el timbre. Jaime se abalanza sobre el timbre y lo cubre con las manos. Nick sigue apretándolo, pero así suena muy amortiguado.) Tranquilo, niño bien, tranquilo. Ya no toco más el timbre. Y la foto... (Coge el marco que estaba sobre la mesa, boca abajo.)
JAIME : Deja la foto de una puñetera vez...!
NICK : Quita! ¡Si la voy a colocar en su sitio!
JAIME : Dámela! (Se la intenta quitar.)
NICK : Quieto. ¡Quieto!
JAIME : Trae de una vez!
El marco cae al suelo con gran estrépito y se rompe el cristal. El coronel se vuelve, aún con los cascos puestos, y les ve. Nick y Jaime se quedan sin poder reaccionar.
CORONEL : ¿Qué sucede aquí (Se vuelve, tambaleante, y se quita los cascos. Jaime se pone firmes.)
JAIME : A sus órdenes! Perdón, mi coronel, pero estaba ordenando la mesa y... se me ha caído la foto...
CORONEL : ¿Cómo? (Se levanta.) ¿Que se la ha caído la foto? (Pausa.) ¿Y usted por qué estaba ordenando mi mesa? ¿Quién le ha dicho a usted que ordene mi mesa? (Mira a Jaime, y luego mira a Nick.) ¿Y usted quién coños es?
NICK : Soldado Nicolás Barroso.
CORONEL : ¡Firmes! (Nick se pone firmes.) ¿Qué es lo que quiere usted?
JAIME : Mi coronel, es el soldado que usted...
CORONEL : ¡Silencio! ¡Se lo he preguntado a él!
NICK : Bueno, al parecer usted me ha mandado llamar y...
CORONEL : ¡Usted me trata de Usía! ¿Entiende?
NICK : Mí, mi coronel. A sus órdenes.
CORONEL : ¡A las órdenes de Usía! ¡Repita!
NICK : A las órdenes de Usía.
CORONEL : Eso está mejor. (Se sienta pesadamente en su sillón. A Jaime:) Usted puede retirarse. Recoja el marco y lléveselo. Va a pagar el arreglo de los desperfectos con su propio dinero, Castillo.
NICK : Perdón, mi coronel, pero... el marco lo he tirado yo. No ha sido él.
CORONEL : ¿Quién le ha dicho que hable, Barroso? ¡Silencio! (A Jaime:) Vamos. Recoja también esos cristales. ¡Que no quede ni una brizna!
JAIME : Sí, mi coronel. (Recoge del suelo el marco y comienza a poner encima los cristales rotos.)
CORONEL : ¡Traiga una escoba y bárralo! (Jaime va a salir con el marco.) Un momento. Deje el marco aquí.
JAIME : Cómo?
CORONEL : Que traiga aquí la foto. Démela. (Jaime le da el marco. El coronel mira si hay más desperfectos en el marco de plata. Luego lo coloca en su sitio sobre la mesa.) Vamos, traiga la escoba y recoja eso. (Jaime sale.) Y usted siéntese, Barroso. (Nick se sienta. Pausa.) O... prefiere que le llame Barro. Nick Barro, o algo así, ¿no?
NICK : No. Prefiero que me llame Nicolás Barroso.
CORONEL : ¿Sí? Pero se hace llamar Nick Barro. Eso es lo que pone en el cartel que me regaló al llegar aquí, ¿no?
NICK : Ese es mi nombre artístico.
CORONEL : Barro. Curioso nombre artístico. No parece muy... cómo diría... muy elegante, ¿no? Barro... Lodo... Cenagal...
NICK : ¿Quiere que discutamos sobre mi nombre artístico? ¿Me ha mandado llamar para eso?
CORONEL : Le he mandado llamar para lo que me salga de los... (Pausa.) Mire, Barroso, no quiero enfadarme más con usted. Vamos a ver, Barroso, o como quiera llamarse... Le he estado poniendo a prueba estos... ¿seis meses?
NICK : Diez. Diez meses.
CORONEL : Bien. Le he estado poniendo a prueba estos primeros diez meses porque... porque no... no soporto los privilegios en mi cuartel. He tenido a veces a otros personajes y personajillos famosos a mis órdenes, y reconozco que nunca he tratado a ninguno de ellos tan duramente como a usted. Tuve a un torero, hace ya años, a Ángel Puértolas, y a un par de futbolistas, que luego uno de ellos ha jugado incluso en la Selección Nacional... Buena gente... En cuanto me demostraron que eran hombres de verdad, personas que sabían asumir la disciplina, les he dejado que hicieran un servicio muy cómodo, muy fácil de llevar. Pero usted, Barroso... Usted vino a verme al tercer día de llegar destinado aquí, con una recomendación de nosequién, con sus modales tan... tan... descarados... y comprendí enseguida que había que bajarle los humos... por su propio bien.
NICK : ¿Por mi propio bien?
CORONEL : ¡Le he dicho que hable sólo cuando le pregunten! (Pausa.) ¿Lo ve? ¿Lo ve?. Sí, señor. Por su propio bien. Usted ahora es quizás más famoso que aquellos futbolistas. E influye mucho más en la juventud que ellos. Incluso le conocen en el extranjero, y le cabe el orgullo, y la responsabilidad, de representar a España en algunas ocasiones. Mi responsabilidad en este caso es muchísimo más importante, precisamente por la responsabilidad de que le hablo... o sea, por su responsabilidad de... de...
NICK : Sí, de representar a España...
CORONEL : ¡Barroso!... ¡Barro, Barroso, Embarrado...! No me interrumpa, haga el favor... Bueno, como le iba diciendo... (Pausa.) Por cierto, ¿usted cree de verdad que eso que usted canta es música? ¿De verdad lo cree?
NICK : Sí, es rock and roll
CORONEL : ¿Usted es músico? Venga, no me haga reir. Eso es bazofia americana. La música es otra cosa. Es algo sublime. La música es belleza, y no esos ruidos espantosos suyos.
NICK : Ruidos? En todo caso es la música de nuestro tiempo. O, al menos del mío.
CORONEL : Enfín... No merece la pena hablar. Ya me doy cuenta. Quizás yo soy demasiado clásico para esta época. Quizás sí. Demasiado romántico... (Pausa.) Bueno, lo que le decía... Tuve que bajarle los humos. Y le voy a decir una cosa, Barroso: me ha respondido usted bien. Bastante bien. Ha estado un par de veces en calabozos por testarudo, y por orgulloso, Barroso. Su propio nombre lo dice: Barroso - orgulloso. Es usted un orgulloso.
NICK: Era.
CORONEL : Eso es. Era usted muy orgulloso. Pero ha aprendido la lección, y yo me siento orgulloso de haber cumplido mi responsabilidad. Le veo a usted más suave, menos altivo, más... más...
NICK : ..Humilde.
CORONEL : Eso es, más humilde. (Pausa.) Llegó aquí y se puso a hablarme como si... como si yo fuese uno de esos empresarios con los que trata usted. Que si su carrera musical estaba en el momento más importante de su vida, que si los ensayos, que si los contratos firmados... Francia, México... ¿Usted cree que al ejército le importa si usted triunfa o no en su carrera? ¿Usted cree que a mí me impresiona todo eso? No, en serio, contésteme, Barroso.
NICK : No, mi coronel. Fue un error.
CORONEL : Un error muy grave. Y muy estúpido por su parte. A mí no se me compra. A mí no se me vende. Yo represento al ejército y no puedo hacer ningún tipo de excepciones con las personas individualmente. ¿Estamos? (Da un golpe sobre el timbre de su mesa. Pausa. Nadie responde. Vuelve a hacer sonar el timbre, más fuerte. Enseguida aparece Jaime, un tanto acalorado, entrecerrando tras sí la puerta.)
JAIME : Perdone, mi coronel...
CORONEL : ¿Quién está ahí con usted, Castillo?
JAIME : Es Lucrecio, mi coronel. Lo que pasa es que viene un poco...
CORONEL : Lucrecio. Ah, claro, si hoy es viernes. Bueno, que se espere un poco. (A Nick:) Lucrecio echa las cartas. Es de la 5ª. Magnífico. Te lo adivina todo.
JAIME : (Está medio peleando con alguien que no se ve, al otro lado de la puerta.) ¡Que te esperes! ¡Que todavía no!
CORONEL : Vamos a ver, Jaime. Le dije que recogiera las cristales, ¿sí o no?
JAIME: Sí, mi coronel.
CORONEL : Pues venga. ¿A qué está esperando?
JAIME : Ahora mismo, mi coronel. (Cierra por fuera.)
El coronel se levanta, coge su copa medio vacía de la mesita de al lado del piano y se va al mueble bar.
CORONEL : ¿Quiere tomar algo, Barroso?
NICK: Eh... Pues... Un poco de whisky, si tiene.
CORONEL: Claro que tengo whisky. ¿Cómo no voy a tener whisky? La bebida de moda. ¡Cuánto daño han hecho las películas americanas, joder! La juventud, whisky y más whisky. ¿Y qué hacemos con nuestro coñac? ¿Nos lo metemos por el culo o qué?
NICK: Bueno. Póngame un poco de coñac.
CORONEL : No, no. A usted whisky. No me venga ahora con cambios para hacerme la pelota, Barro. No lo soporto. ¡Sea usted hombre, coño! ¡Si dijo whisky, que sea whisky! (Le sirve una buena dosis de whisky en una copa de coñac y se llena la suya de coñac.) Peor para usted si prefiere whisky. O para su hígado. (Le da la copa. Beben.) Total que... bueno, creo que el ejército ya le ha enseñado lo que tenía que enseñarle. Ésa ha sido mi responsabilidad. Ha servido usted a su patria y estoy orgulloso de ello. Ha cumplido con el sagrado deber de... (Entra Jaime con una escoba y el recogedor. A Jaime:) ¡Ahora no! ¿Es que vas a tener siempre la virtud de interrumpir en lo más importante? (Jaime se va. Pausa. A Nick:) Bueno... ¿Tiene algo que decir?
NICK : (Le pilla bebiendo.) ¿Eh...? No, no... Sí, estoy totalmente de acuerdo con usted. He servido a la patria y...
CORONEL : Eso es. Ha servido a la patria como un hombre.
NICK : Como un solo hombre.
CORONEL: Eso es, como un solo hombre. Y basta con que yo aprecie en usted una actitud positiva, una actitud de respeto hacia las armas, para que...
NICK: (levantándose.) Gracias mi coronel. Sabía que iba a notar mi cambio. Me lo ha hecho pasar muy mal pero ha merecido la pena el sacrificio. He aprendido...
CORONEL: ¡Calla, gilipollas! ¡No utilices nunca ese tono conmigo! ¿Crees que soy imbécil o qué. ¡Siéntate! (Nick se sienta.) Y aunque parezca que estoy borracho, no te fíes. Yo nunca estoy borracho por mucho que beba. Porque bebo coñac. Y porque sé beber, cosa que los jóvenes no tenéis ni puta idea. (Pausa.) Te lo voy a decir más clarito, porque no me gustan nada estas mariconadas de conversación. Tú eres un tipo que no soporto ¿Entiendes? No te soporto, pero resulta que como eres quien eres, y hay gente a la que inexplicablemente le gusta cómo canta Nicki Barro...
NICK : Nicolás Barroso, para usted.
CORONEL : ¡Te llamaré como me salga de los cojones! Borrón. O Birrioso. Je, je. Eso es, Birrioso.
NICK : Me parece que ya está bien de cachondeo.
CORONEL : (Le da un bofetón y le sienta.) ¡Siéntate! ¡Y no hables hasta que te lo diga, imbécil!
NICK: (Se vuelve a levantar, muy agresivo.) Mire, coronel... A lo mejor me la cargo, pero le juro por mi madre que...
CORONEL: Tranquilo, Barroso. Tranquilo... No lo vayas a estropear todo precisamente ahora.
NICK : Me está tocando demasiado los...
CORONEL : Cuando salgas, cuéntaselo a los periodistas, si tienes cojones. Esos que vienen todas las semanas a pedirme permiso para hacerte fotos vestido de soldadito. Cuéntaselo a la chica esa tan tetuda de la revista Triunfo. Desahógate. No te iba a servir de nada de todas formas... Pero ahora, como te pases conmigo un milímetro, te monto un consejo de guerra que no sales de la cárcel en cinco años. Eso por mis muertos.
NICK : ¿Sí? Muy gallito me parece usted. Con esas estrellas es muy gallito.
CORONEL : ¡Me las he ganado yo solo! ¡Aquí mando yo!, ¿entiendes?
NICK : (Se lanza hacia él.) Puede que sí. ¡Pero a usted, "Pimentero", le voy a...! (El coronel abre un cajón de su mesa y coge una pistola.)
Suena el teléfono que hay sobre la mesa. Se hace un silencio tenso entre ellos. Sólo se oye el timbre del teléfono. El coronel se sienta apuntándole con el arma.
CORONEL : (Descolgando.) Diga. (...) ¿Ah, eres tú bonita? (...) No, no ha llegado tu vestido. (...)Sí, sí. Vale, muy bien. Pero ahora no puedo. (...) ¡Que ahora no puedo, coño! (Cuelga. Silencio. A Nick:) Menos mal que ha llamado. Menos mal. Todos los imbéciles tenéis suerte. Te ha salvado. Es increíble. Te admira tanto que te cuida desde la distancia. Es la Virgen María. Para ti es la Virgen María. Te juro que lo que más me hubiese gustado en el mundo es que me hubieses agredido. Porque no hubieses salido vivo de aquí, de eso puedes estar seguro. ¡Siéntate! (Nick se sienta. Pausa.)
NICK : ¿Me iba a pegar un tiro? Eso hubiese estado estupendo. Iba a salir usted, mi coronel, en todos los periódicos. Mi gente no se iba a quedar de brazos cruzados, se lo aseguro. Su foto en primera página, con todos sus galones, con su mirada de cuervo, con su nariz roja de pimiento, de alcohólico perdido. Le iban a crucificar bien crucificado. Hay demasiada corrupción en la mili, demasiados abusos..., demasiados suicidios. (El coronel ríe) . La mierda se sale ya por las tapias de los cuarteles. Sacarían la noticia, se lo aseguro. "Nick Barro muerto de un disparo en el despacho del coronel de su acuartelamiento." Le iban a crucificar. Vamos, dispare. Puede decir en su defensa que... ¿Qué puede decir? Se sabrá que llevaba dos meses arrestado sin salir los fines de semana, los diez meses de mili confinado en los peores y más humillantes destinos, cargado de guardias y con dos semanas en el calabozo. ¿Por qué ese ensañamiento?... ¿Qué puede alegar? ¿Que no pude soportar la disciplina y tuve una crisis nerviosa, y le quise estrangular? Muy divertido. Vamos, "Pimentero", dispare. Pero asegure el tiro, porque si salgo vivo, le juro...
CORONEL : Por eso no te preocupes. No fallaría, te lo aseguro. Y no seas tan inocente, hombre de Dios. ¿No sabías que hay soluciones muy antiguas?: una reyerta entre soldados, un disparo accidental mientras alguien está limpiando el arma, un momento de descontrol en las prácticas de tiro, un suicidio más... La versión oficial es la única que aparecerá en la prensa, idiota. Y también tendrán que aceptarla tus incondicionales admiradoras. ¡Esas gilipollas!
NICK : Entre los que se encuentra su hija, me ha parecido entender...
CORONEL : (Se levanta. Aprieta el arma con tensión, apuntándole a la frente.) La versión oficial de los hechos será...
NICK : (nervioso.) ¡Están todas muy vistas! ¡Nadie se las creería!
CORONEL : ¿Qué importa? Han funcionado siempre. Y seguirán funcionando...
NICK : (más nervioso.) ¿Pero... qué tiene contra mí? Dígamelo. Dígame que es lo que no puede soportar de mí. ¡¿Qué es?! ¿Que soy famoso? ¿Es eso? ¿Que vivo en el... en el derroche y en la lujuria? ¿Qué? ¿Que no tengo a nadie por encima de mí? ... ¿Que soy más libre que usted? Que... (se levanta.) ¿que soy más joven? ¿Que soy... un tipo alto, bien formado...? (Se acerca a él.)
CORONEL: (Retrocede y baja el arma, aunque sigue apuntándole.) No se acerque. No crea que me da miedo. Hay algo, simplemente, que no... no me gusta de usted. Esa arrogancia... Esa chulería...
Nick se acerca a él, a pesar de la pistola. Agarra con sus manos los brazos del coronel y le atrae hacia sí.
NICK : ¿Ve? Soy de carne y hueso. Un hombre. Alguien perfectamente accesible...
Al coronel, muy nervioso, se le cae la pistola de la mano.
CORONEL : No, por favor... Aléjese de mí. Apártese. (Nick da un paso atrás, sonriendo. El coronel se agacha a recoger la pistola y, muy alterado, la guarda en el cajón. Se sienta en el sillón y b ebe un buen trago de coñac. ) ¡No... no soporto que me toque un subordinado!, ¿entiende?
NICK : (Poniéndose al otro lado de la mesa.) Mire, coronel... Diga lo que tenga que decir y me iré. ¿He cumplido por fin con la patria, o no? ¿Tenía algo que decirme, o era sólo para volver a humillarme? Diga para qué me había llamado.
CORONEL : Sí, sí, acabemos con esto de una vez... (Saca un papel de la carpeta.) ...Vamos a ver; soldado Barroso: el 14 de Junio, dentro de... tres semanas... (Se interrumpe .) No vuelva a acercarse a mí, se lo advierto. Y yo no advierto en vano. Nunca he soportado que...
NICK : Coronel, la verdad es que su vida privada no me interesa en absoluto. Dígame de una vez el motivo de ...
CORONEL : Sí, pero para que no haya malos entendidos...
Nick, a través de la mesa, le quita el papel que tiene en la mano.
NICK : ¿Le importa? (Lee para sí.) ... ¿Qué es, una carta del Teniente General Lasarte?
CORONEL : Déme esa carta.
NICK : (Lee en voz alta) "...Ya imaginarás que ese tipo de música no es en absoluto de mi agrado, pero Marina y las otras chicas (y me parece que la tuya también) no hacen más que hablar de ese Nick Barro. Y ya ves que están todo el día poniendo sus discos. Enfín, Fernando, qué quieres que te diga, es su fiesta de Puesta de Largo, el día más importante de su vida, y si ése es su capricho... Así que, como ese soldado está en tu batallón, lo dejo de tu cargo. Espero que no nos falle, porque las niñas pueden poner el grito en el cielo. La fiesta será, como ya sabes, la noche del 14 de Junio, en mi chalet. Con cinco o seis canciones bastará, como fin de fiesta. Eso sí... asegúrate de que no haya ninguna que atente contra el buen gusto. Es por las señoras, tú ya me entiendes... Naturalmente, aunque es para hijas de Jefes y altos mandos, tu chica está invitada, no tengo ni que decírtelo. Sin más, recibe un abrazo..." (Deja el papel en la mesa.)
CORONEL: Bien, pues ya está. Podrá empezar a ensayar con su grupo desde mañana mismo. Jaime le dará esta tarde los permisos de salida y pernocta.
NICK: Entonces, se trata de... ¿un concierto para una fiesta?
CORONEL : Sí, una actuación. Seis canciones. Y como compensación, a partir de esa fecha no tendrá que venir más por aquí. Su servicio militar habrá acabado.
NICK : ¿Terminada la mili? ¿Definitivamente?
CORONEL : Eso he dicho. ¿Es que no oye bien? (Pausa.) Ahora retírese.
Nick sale. El coronel se queda en silencio, acodado a la mesa. Hunde su cabeza entre las manos. De pronto da un manotazo con enorme violencia a la foto de su hija, que sale despedida.
Entra Jaime con la escoba, el recogedor y un paquete grande, pidiendo permiso. El coronel no dice nada.
JAIME : Mi coronel, ha llegado un paquete para su hija. ¿Se lo dejo aquí?
El coronel le mira y no contesta. Jaime deja el paquete sobre un fichero. Luego se pone a barrer. Ve la foto en el suelo y mira al coronel. Coloca discretamente la foto sobre la mesa y sigue barriendo. El coronel le mira barrer en silencio. Cuando ha terminado...
CORONEL : Jaime... Soldado Castillo: queda usted arrestado sin fin de semana por permitir el paso a este despacho a un soldado sin mi permiso. Recoja sus cosas del cuartito y déjelo todo bien ordenado. A partir del lunes irá usted destinado a... ¿dónde prefiere, Castillo?
JAIME : Pero, mi coronel...
CORONEL : ¿Dónde prefiere, Castillo?
JAIME : ...A enfermería.
CORONEL : A enfermería, de acuerdo. Retírese. Ah, dígale al sargento de semana que necesito un ordenanza para el lunes por la mañana.
JAIME: Sí, mi coronel. A sus órdenes, mi coronel. (Se cuadra y sale.)
El coronel coge la foto de su hija y la coloca en el centro de la mesa, con delicadeza. Luego coge la copa y se bebe de un trago lo que queda. Después se levanta, da unas vueltas nerviosas por el despacho. Abre la tapa de la caja que ha traído Jaime, saca a medias un vestido blanco, de raso, lo manosea un poco y lo vuelve a echar con desprecio a la caja. Da una vuelta más, nervioso, y termina por sentarse al piano. Se coloca los cascos, los enchufa, pone en marcha el órgano y comienza a tocar algo con enorme violencia. Sólo él oye la música a través de los auriculares.
Al poco entra Nick. Jaime no quiere dejarle entrar. Le sujeta. Los dos ven que el coronel está de espaldas, tocando. Jaime tira de él. Nick le da un violento empujón y le echa fuera. Cierra la puerta. Se acerca al coronel. Se queda observándole a sus espaldas, muy cerca. Entonces se pone a un lado y quita el jack de conexión de los auriculares al piano. El piano suena con fuerza. Pero es una música torpe, una especie de pachanga ramplona, con fondo de batería machacón, como la de los gitanos de la calle. El coronel deja de tocar y se vuelve, aún con los cascos puestos.
NICK: ¿Ésa es la música sublime que usted decía?
CORONEL: ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres ahora?
NICK: Mi coronel... No hay concierto.
TELÓN
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