PENITENCIARÍA DEL ESTE -La Habana, julio del 2002-
Matar por matar es cosa de majes sádicos, pero pa ganarse la vida, es un trabajo como cualquier otro. La verdá que yo me enculé de la profesión cuando vi las películas de Rambo y el Chacal. Ese era mi toque, y nomás por practicar, me puse a matar de choto.
Y por las bombas de aquí... ¿te pagaron mucho?
Por las primeras que puse en el 95, que fueron cuatro, me pagaron una babosada: tres mil quinientos dólares por cada una.
Algo es algo, pues. ¿Y qué hiciste con el pisto?
Le compré una caja de música a mi mamá, unas toallas de lujo a mi cipota, y el resto...
Sí, ya sé, te lo gastaste en el Two Shows, con las mamacitas caras. ¿Y nunca te agüevaste al poner las bombas?
Bueno, pues sí, al principio, matar por encargo no es tan chiche, te parece que todo el jodido mundo te está mirando, pero cuando agarrás confianza y aprendés a trabajar suave, sin apuro, es un trabajo de lo más divertido, como le dije al tribunal.
Yo que vos no hubiera confesado eso.
Eso lo dije pa que me creyeran loco; pero me vale verga lo que piensen de mí. Total, Fidel no gana nada con fusilarme, porque hoy día eso va contra los derechos humanos. Y mientras tanto, yo aquí chévere, con el futuro asegurado, porque cuando este jodido gobierno se caiga, me van a soltar.
Jaaaaa, ja ja ja. ¿Así que chévere?
¿De qué te reís, jueputa? Y o voy a ser un héroe de la democracia... Pero pa qué te platico si vos de política no entendés ni mierda.
No te calentés y explicáme, a ver qué es lo chévere.
L o chévere va a venir cuando me suelten. ¿Vos ya viste lo vergón que vive el Chacal? ¿Y cómo se viste, y los pañuelitos que se amarra en el pescuezo, y los buenos modales con que come? ¿Y por qué yo no puedo ser un caballero como él? En la democracia todo es posible. Pero ahora cuando me suelten, ya no voy a trabajar más pa nadie, voy a secuestrar gente por cuenta propia y al que no me pague el rescate, buuum, su balazo en la cabeza.
¿Y cómo fue que empezaste? Explicáme a ver si yo también...
No jodás, eso no es pa vos, pendejo. Hace falta sangre fría, y disciplina y amor a la profesión.
Pero decíme cómo fue que empezaste, cabrón.
Lo primero fue güeviarme un taxi en San Salvador, un día cuando ya estaba oscurito y me fui a la Zacamil.
Oscurecido ya, por nada me meto yo en la Zacamil.
No, pendejo, te dije oscurito y no oscurecido. ¿Quién putas se va a atrever a andar ya oscurecido por la Zacamil? Y allí me paré en una esquina, por donde está el cine, ¿te acordás?, y al primer maje que se me acercó le metí un tiro en la cabeza.
--¿Así, en frío?
No, pendejo, primero lo llamé pa preguntarle una dirección, y al verlo acercarse pensé, pobre hijueputa, si vos supieras..., pero lo que me salió fue decirle moríte cabrón, te llegó tu día, y buuum, y al ver cómo le reventaba la cabeza me sentí igual que el Chacal, todo un profe, ¿m'entendés? Pero no es porque me guste matar. Yo sólo quería practicar y aprender a hacer las cosas bien. Y al otro día, cuando vi la foto del chero, un estudiante de la U que salía de la casa de la novia, se veía clarito la sangre y los sesos que habían chispiado una pared y un poste. Y a los pocos días jodí a un ciclista. Lo paré cuando iba llegando a Santa Tecla, bajo La Ceiba, y también le volé la cabeza con una 45. Y cuando me enteré de que tenía catorce años y vivía con su mamá y que era el tercero de cinco hermanos sin tata, me di cuenta que le había hecho un favor. Y a lo mejor también se lo hice al italiano que maté aquí en Cuba, cuando puse la bomba en el hotel Copacabana...; porque decíme vos, ¿a ver? ¿qué verga andaba haciendo el hijueputa italiano en ese hotel tan lejos de su casa? Si quería turistiar ¿por qué no se quedó en Italia que dicen que es tan bonita y va tanta gente a conocerla? Y como te decía, pues, al pendejo de la bicicleta seguro que le hice un favor, porque después supe que acababa de robársela, y que andaba como chiflado porque la mamá se había metido a puta. ¿Qué vale pues la vida de un bicho como ese? La vida es como en la selva. Los animales más grandes se hartan a los más chicos.
¿Y entonces, matabas de choto, sin cobrar ningùn pisto?
Sí, pero aprendí muy rápido, y cuando empecé a joder gente por encargo, para los narcos, me di a conocer como un maje arrecho y cumplidor en mi trabajo, y un día me mandó llamar el maistro Posada Carriles, y los de Miami me dieron un entrenamiento talegón.
¿Y cómo fue que te dejaste agarrar en Cuba?
Yo no cometí ningún error. Fue la puta mala suerte... Fijáte vos que ese día, yo había puesto las dos primeras bombas sin ningún problema, la primera en el Hotel Copacabana, y la segunda en el Chateau Miramar, y cuando iba a poner la del Hotel Tritón, se me atravesó un bicho español de este tamaño, unos trece o catorce años...
¿Un bicho?
Va pues, un bicho brujo, hijo de sesenta mil putas, que andaba turistiando con la familia, y fijáte vos que adivinó lo que yo iba a hacer... No me preguntés cómo. Yo no llevaba escrito en la frente que iba a poner una bomba, y él estaba sentado por ahí, pero en cuanto me vio entrar al lobby se paró y me clavó los ojos, y vos vieras lo feyo que me miraba, como si adivinara lo que yo iba a hacer, y vos no lo creerás, pero era una mirada tan rara como si hubiera visto al diablo, que hasta me puso nervioso, pero qué carajos, seguí de largo, y como siempre, me encerré en el baño, armé mi bomba, le puse el timing para las doce y media y salí a sentarme en el lugar que ya había elegido, pero ahí estaba otra vez el jodido bicho que no me quitaba los ojos de encima, y con él andaba una cipota de unos veinte años que después supe era la hermana mayor, y cuando eran ya las doce y veinte, yo me senté atrás de ellos, en un sofá que estaba arrimado a la pared, pero no del todo, y ahí, entre el espaldar del sofá y la pared, era donde yo iba a dejar la bolsa... (...) Sí, una bolsa de plástico de la Duty Free Shop donde estaba mi tamalito activado para las doce y treintidós, y entonces, pa no llamar la atención, me pongo a mirar unas fotos ¿y vos podés creer que el hijueputa bicho se da la vuelta en el asiento y me sigue ispiando? Y yo controlando la hora, doce y veintitrés, y veinticinco, y el puñetero bicho ahí, en su asiento, con la vista clavada en mí, pero de pronto, cuando eran ya las doce y veintisiete, el bicho se vuelve p' hablar con la hermana y me quita la vista de encima un momento, que yo aprovecho para dejar la bomba en el piso, detrás del espaldar, y enseguida me jalo pa la puerta a agarrar un taxi rumbo a la Bodeguita del Medio, donde iba a poner la cuarta bomba, y en eso, buuuuummmm, oigo el estallido de las 12:29 en el Copa, y a las 12: 31, buuuummm, la bomba del Chateau, y a las 12:32 buuum, la que acababa de poner en el Tritón, y yo me imaginé al hijueputa bicho volando con las patas p'arriba y me hago el pendejo y le pregunto al taxista por las explosiones, y el comemierda me dice que están dinamitando unas rocas por ahí cerca para construir un nuevo hotel, y al llegar a un semáforo veo a un policía con un guoquitoqui que le hace señas al taxista de que se pare a la orilla de la calle, y el hijueputa se agacha pa ver qué hay adentro... Y yo cagado, porque imagináte vos, conmigo llevaba también la bomba que iba a poner en la Bodeguita esa tarde, y si al policía le daba por registrarme...
Pero contáme pues, en qué acabó lo del bicho...
Ah, sí, según me contaron después, al verme saliendo del hotel empezó a jalar de la manga a la hermana y a decirle que yo había puesto una bomba, y a formar el alboroto y a gritar que se apartaran de allí, y de pronto buuummm, el bombazo, y en cuanto llegó la Seguridad, lo interrogaron y después les hizo un retrato hablado mío que resultó una fotografía...
¿Y vos lo viste, el retrato?
Sí, pues, en tecnicolor y todo me sacó el jodido bicho, y esa misma tarde me detuvieron, y trajeron unos hijueputas perros que en cuanto me olieron empezaron a ladrar, bravísimos conmigo... Pero la verdá es que si el bicho ese no hubiera sido tan adivino y tan metido, nunca me encuentran.
¿Pero cómo fue que te agarraron, pues?
Nada, esa misma tarde, sin ninguna dificultad puse mi última bomba en la Bodeguita, y cuando salí, respiré aliviado. Había cumplido la misión, y al otro día por la mañana me iba de Cuba. Ya tenía mi boleto de regreso, con su okey y todo, en Mexicana de Aviación. Pero al llegar al hotel, la policía me estaba esperando. La verdad es que yo hice todo lo que me dijo mi instructor y no cometí ningun error. Ninguno. Fue por culpa de la puta mala suerte y del jodido bicho español.
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