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Un fin de semana en Atenas

Durante el vuelo, voy leyendo una monografía sobre la ciudad. Resulta que el estado griego es un invento relativamente reciente. Los clásicos fueron invadidos por Roma. Cuando se dividió el imperio quedaron en la parte de bizantina hasta la caída de Costantinopla, pasando entonces a formar parte del imperio otomano. Esporádicamente fue liberada y dominada por venecianos y catalanes hasta quedar nuevamente bajo dominio turco. Siendo Turquía desde entonces su enemigo natural, a pesar de quedar tan cerca y ser tan parecidos, o precisamente por eso.

Atenas - Plaka -

En el siglo XIX Francia e Inglaterra ayudaron a los griegos en su guerra de independencia, que consiguieron en 1830, instaurando una monarquía con reyes impuestos desde fuera como Otón hijo de Luis II de Baviera y luego Cristián IX, hijo del rey de Dinamarca. Es decir, que ha sido un pueblo sometido, desde el siglo II hasta el siglo XX. De hecho, ellos se consideran Helenos que no griegos en un afán de recobrar la herencia clásica. Pero creo que los pobladores actuales tienen tanto que ver con la Atenas de las ruinas como yo mismo.

En 1924, consiguieron instaurar la República que sólo duró hasta 1935 cuando se restauró la monarquía y sufrió las correspondientes dictaduras. En la Segunda Guerra Mundial fue invadida por los nazis. Continuando después en guerra civil hasta 1949 en que volvió el rey Pablo, padre de Constantino II el hermano de la reina de España. Sufrió otra dictadura y por fin en 1974 logró la democracia, se integró en Europa y adquirió su actual identidad.

Atenas desde Lycabettus

Atenas fue elegida capital en 1834, sólo contaba con 4000 habitantes y pocas casas se mantenían en pie. Se reducía a lo que hoy es el barrio de Plaka, donde está la Acrópolis. Lo que convierte este barrio en la esencia de la ciudad, lógicamente invadido por el Turismo.

A lo largo de toda su historia, las construcciones clásicas han sido destruidas, trasformadas y reconstruidas en numerosas ocasiones. El Partenón utilizado como arsenal fue volado en el siglo XVII. Pese a tantas invasiones, los helenos han mantenido una lengua con el mismo alfabeto del griego clásico. Un idioma poco extendido pero indudablemente vivo.

La ciudad toma su nombre de la diosa Atenea. Fruto de los amores de Zeus con Metis, que fue engullida por su padre para que Hera, su legítima, no se enterase. Dentro del padre siguió desarrollándose, hasta que Zeus harto de los dolores de cabeza que le provocaba, le pidió a su colega Efestos que le diera un hachazo. Por la brecha apareció la diosa vestida de armadura y todo. A partir de aquí fue diosa de la Sabiduría. Quizá se debió a que su placenta fueron los sesos de Zeus. Los atenienses debieron elegir entre tener por patrón a Poseidón o a Atenea. Les pusieron a prueba. Poseidón les creó el caballo y Atenea el olivo. Que eligieran a la diosa dice algo del gusto de los atenienses. Mani en Atenas

Llegamos a las cuatro, ganamos una hora por volar hacia el este. Ya en el aeropuerto, comencé a entretenerme intentando descifrar sus carteles. Consiguí leer "Exodus" que quiere decir salida. El autobús 95 lleva hasta la plaza Sintagma que es el centro de Atenas. Pero no tenemos suerte, el centro está cortado a los coches y debemos tomar el metro. Cuando aparecemos en la plaza Sintagma, donde está el Parlamento, nos reciben con gases lacrimógenos. Hay una manifestación, llevan carteles contra la guerra Atenas se manifiestade Irán, casi todos los grupos enarbolan enseñas comunistas y algún grupo arremetió contra el McDonald's. Me caen simpáticos. Así que procurando evitar el humo y fotografiando los incidentes cruzamos el cordón policial y nos dirigimos a nuestro hotel, en una calle al otro lado de la plaza, la calle Nikki que quiere decir Victoria.

El hotel Mirto es modesto y un poco depauperado pero los precios en Atenas no permiten mayores lujos, 70€ la doble en una oferta de Internet. Bueno, es acogedor, la posadera es bastante simpática y le caemos bien por llevar poco equipaje y fumar y protestar poco, supongo. Pero lo más importante es su localización en Plaka o casi.

Iglesia bizantina - Lycabettus

Comenzamos el paseo. Volvemos a Sintagma, cruzamos la plaza donde sigue habiendo grupos de manifestantes, aunque cada grupo va por un camino. Tomamos por la avenida a la izquierda del Parlamento y comenzamos a serpentear por empinadas cuestas de un barrio con boutiques y cafés de diseño hacia un funicular, que nos llevará a la cima de Lycabettus Por si acaso nos cobran también la bajada sí o sí. Lycabettus es una colina con una pequeña iglesia bizantina en la cumbre, rodeada de antenas de móviles. En la iglesia había un bautizo. Apenas cabían los invitados. Mientras el pope cantaba sus gori-gori, los turistas fotografiábamos frescos, pope, invitados, neófito, iconos... Sentí vergüenza ajena. TambiénLycabettus hay un restaurante y por supuesto se puede mirar todo Atenas desde arriba. Hacia el Suroeste, en otra colina, está la Acrópolis, que no llego a distinguir. Pero imagino que tendremos que volver a trepar por cuestas empinadas. Hacia el sur un teatro, hacia abajo las faldas de la colina ocupadas por un bosque hasta que se mezcla con las casas modernas, que se mezclan con ruinas por lo general entre bosque. Las calles son estrechas, todo parece muy apretado. Se oyen sirenas y disparos de botes de humo. Abajo la manifestación sigue.

Decidimos bajar caminando por el parque pese a los billetes de vuelta. Contemplamos la puesta de sol, y nos perdemos. En la bajada nos desviamos hacia el norte. Pero somos capaces de volver a Sintagma y desde allí dirigirnos a Plaka para cenar. Es un barrio a los pies de la Acrópolis en su parte este, lleno dePuesta de sol griega establecimientos turísticos. No elegimos bien y acabamos en un restaurante de diseño bastante caro poco aconsejable. El suelo de Atenas es muy irregular, el del restaurante también. Así que cuando separo la silla para levantarme y pedir el postre, me pego un batacazo monumental rodando para atrás un par de escalones. Pese a lo aparatoso de la caída no rompo nada y me salvo con un moratón en la pierna izquierda. Me lamento sobre todo de los 70€ que he pagado por un pescado bastante estropajoso.

Caemos en las camitas absolutamente rendidos y con hora de diana para ver la Acrópolis. Nos cambian a una habitación mejor y desayunamos. Nescafé y zumo de bote. Hacia la AcrópolisEstá de moda el Nescafé batido y es difícil conseguir un café de verdad. Comenzamos a subir hacia la Acrópolis. Seguimos el camino inverso al que dice una guía, trepando por un sendero entre casas encaramadas en la ladera. Pequeñas casas blancas con plantas en las ventanas y gatos que saltan de terraza en terraza. Es el paisaje de cualquier pueblo mediterráneo. La Acrópolis está separada por una alambrada y llegamos a una puerta cerrada. Volvemos sobre nuestros pasos y nos integramos en la manada de turistas que sube por el camino habitual.

Partenón de Atenas

La parte buena es que hoy no cobran por entrar. Nos hacemos con un plano y miramos todas las ruinas que hay que mirar. El Partenón entre andamios, el museo, los templos diversos y demás que sirve para recordar la mitología leída. Saludo a una cabeza de Hermes mi dios preferido. Bromista en su juventud, agitó tanto el Olimpo que le desterraron, pero en la tierra se convirtió en dios de ladrones y comerciantes, demostrando su eficacia. Así que fue llamado otra vez al Olimpo y encargado de numerosas misiones, destacando su talante negociador, frente al temperamento violento y caprichoso de los otros dioses. Cuando hemos mirado suficiente, comenzamos la bajada con intención de atravesar las ruinas delPartenón de Atenas Ágora romana. Nos volvemos a perder y rodeamos el recinto. Pero no importa, volvemos desde abajo y visitamos el Ágora que cruza el metro acentuando la sensación de apelotonamiento. También hay una pequeña iglesia bizantina dedicada a Dionisio el Aeropagita el sucesor de San Pablo al frente de los cristianos, que se llamaba así por el Aerópago, el lugar, y no porque se la soplaran.

La circulación en Atenas es particularmente caótica. No hay donde aparcar. Cada vez que intentan excavar un aparcamiento aparecen restos arqueológicos. La grúa municipal no da abasto para retirar todos los coches aparcados y entonces les quita la matrícula, que sólo pueden recuperar pagando las multas acumuladas. Por eso algunos coches llevan las matrículas en el interior.

Vista de Atenas desde Lycabettus

Nos sentamos en una de las muchas terrazas atestadas de gente, al lado de la vía del metro. Comenzamos por una cerveza fría y seguimos con ensaladas, crema de aceitunas, y musaka. Descifro el cartel de la taberna, se llama los Dióscuros. Estos eran dos gemelos fruto también de una aventura de Zeus con Leda, quien para seducirla se metamorfoseo en cisne. Cuando murieron, su padre les trasformó en constelación: Géminis, que es mi signo. Por eso seré tan "patoso"

El camarero que nos atiende habla un poco de español y por supuesto inglés. Nuestros "Kalimera" y similares no son apreciados en absoluto. Parecen un poco celosos de su idioma, como si los turistas lo mancilláramos, prefieren que hablemos inglés hasta para dar las gracias o saludar.

Ágora de Atenas

Periódicamente pasa un tren por nuestra derecha. Estamos separados de la vía por una verja y unos metros de hierba desde donde vienen numerosos gatos a ver que les cae. Por el otro lado, se cruzan multitudes en ambos sentidos. Grupos de turistas, aborígenes que pasean la mañana de domingo, vendedores de cualquier cosa, músicos callejeros, vendedores de unos roscos de pan con sésamo que probaremos otro día. Es un espectáculo que disfruto. Debo estar de buen humor porque no me agobio. Así que puedo decir que me enseñan CD,s, bolas mágicas, colecciones de postales, interpretan canciones al acordeón, pero no agobian siguen a lo suyo. Los últimos del escalafón, tienen aspecto de hindúes.

Una vez repuestos, callejeamos hasta la estación de Monastiraki y tomamos el metro hasta Homonia, que quiere decir concordia, donde está la estación de tren. Buscamos y encontramos el autobús aTemplo griego al atardecer Sounio un pueblo en el extremo sur de la península con un templo de Poseidón aconsejado. La carretera transcurre por la costa. El paisaje es absolutamente mediterráneo, pequeñas calas de agua azul trasparente, olivos, pinos y un sol brillante. Me quedo un rato traspuesto arrullado por el ronroneo del autobús. Una línea curiosa ésta, porque nos costó distinto a la ida que a la vuelta, cuatro euros y pico cada viaje, pero no coincidía el pico. Además cada vez nos dieron varios billetes hasta sumar aproximadamente el precio pero sin coincidir exactamente. No parecía ningún tipo de timo para recorrer unos 100 km., no protestamos y me quedé sin explicación.

En una de las paradas me desperté y vi una tienda donde vendían pequeñas iglesias como de juguete. Había visto varias colocadas en los bordes de la carretera. Deduje que las usan para recordar donde alguien murió en accidente de tráfico. Parecía un negocio floreciente. ¿Si volcara el autobús pondrían una catedral?

Puesta de sol

Sounio es un pueblito costero en una bahía protegida por islotes. Es un pueblo de veraneo y segunda residencia, acostumbrado a recibir turistas por el templo a Neptuno que vamos a mirar. Está en lo alto de un promontorio al sur de la bahía. Así que a trepar otra vez en procesión con bastantes más turistas. Damos una vuelta alrededor del templo y nos sentamos en el acantilado a esperar la puesta de sol. Pasan gaviotas graznando, más arriba golondrinas u otros pájaros confundibles, el mar como un plato, el reflejo del sol, a veces, cruzado por algún barco. Otros grupos de turistas hacen lo mismo que nosotros pero sin molestar. No debe haber españoles porque no se oyen gritos. Me siento muy bien y especialmente contento de estar aquí con Victoria. Nos contamos mitos y chismes leídos en las guías, pero, aún en silencio, siento que estar aquí juntos era mi destino como en las tragedias. Como Palinuro, un héroe de la Eneida, me deje llevar por las olas de la vida y no me puedo quejar. Llega el momento, quedamos pocos, ha refrescado, la bola roja del sol está casi a nuestra altura. Así que nos vamos al otro lado del templo y fotografiamos el contraluz entre las columnas hasta que coincide con el altar del templo. Cuando nos vamos, nos agachamos a coger una piedrita de recuerdo, pero enseguida un silbato y una guarda gesticulando nos hacen devolverla al suelo. Es comprensible, si cada gilipollas que visite aquello se llevara una piedrita, en breve no habría promontorio.

Teatro de Dionisos

En el camino de regreso nos toca caravana de domingueros volviendo a la capital. Mientras el chófer realiza extrañas maniobras entrando por las callejas de los pueblos para volver a salir a la carretera habiendo adelantado seis o siete vehículos, que por supuesto protestan y ceden el paso ante el más fuerte, nos dedicamos a elegir sitio de cena. Consultamos toda la información de guías y amigos y nos decidimos por O Platano con fama de ser la mejor comida típica a precios asequibles.

Cuando llegamos a Atenas consultamos el plano a la luz de un escaparate. Enfrente unos hombres sentados en sillas en la calle, que es peatonal, conversan. Al vernos, uno de ellos se ofrece a darnos indicaciones. No consigue distinguir en el plano, pero O Platano es su taberna preferida. Es lo mejor de Atenas, pero cierra la noche del domingo. Confiados en su sabiduría le pedimos consejo. Nada será igual, pero bueno, para una cena nos aconseja Byzantinos que está allí cerca. Está en una plaza donde muchas más tabernas. Nos sentamos en la terraza y tomamos tapas típicas como empanada de espinacas, sepia picante, berenjenas de alguna forma, pinchitos de cerdo. Está bien, el sitio es agradable. Mientras cenamos contemplamos a los peripatéticos turistas, en su mayoría solamente patéticos a estas horas, que se arrastran con los zapatos en la mano en uno u otro sentido. Al poco rato les seguimos hacia nuestro hotel.

Hydra

Hoy volvemos a madrugar para irnos de crucero. Primero el metro al Pireo, donde subiremos a un barco rápido que nos llevará a Hydra una isla en el golfo de Egina. Teníamos varias posibilidades. Un crucero a varias islas del golfo Sarónico, demasiado barco. Ir sólo a una de las cuatro: Paros, Hydra, Egina o Spetses. Elegimos Hydra porque no tiene coches.

Después de hora y pico navegando y de parar en Poros, que desde lejos se parece a Ibiza, llegamos Hydra. La explanada del muelle, está llena de terrazas, tiendas de souvenirs y demás paisaje de sitio turístico. Hay oferta de canoas taxi para rodear la isla o ir a otras con precios prohibitivos, también ofrecen acémilas para pasear o transportar.Poros Comenzamos a caminar por la costa rumbo oeste. Es una pequeña y escarpada isla de unos 50 km cuadrados, la mitad de Formentera. Las casas del pueblo se amontonan una sobre otra por las laderas, dejando estrechos callejones. En las afueras se ven molinos y, a veces, pequeños núcleos de casas o casas aisladas. Superamos el "Café de la Puesta de Sol" porque aún no es hora y paseamos hasta que aparece un pequeño pueblo en torno a un pequeño puerto llamado Vlichos. Comemos en la terraza de una taberna, contemplando el paisaje y disfrutando la ausencia de vehículos. A veces un barco demasiado rápido y demasiado cerca rompe la calma, pero cuando se pasea no tener que atender, ni oír, ni oler coches o motos es un placer muy envidiable. También son envidiables las calas que rodean la isla. Siento no haber traído el bañador.

Hydra

Volvemos por el mismo camino y aprovechamos un banco bajo un pino para sestear. Contemplo unas hormigas que van y vienen desde unos agujeros cercanos. Calculo su velocidad, tardan 1 segundo en recorrer 20 cm, o sea 72m/hora, pero como son pequeñas parecen muy apuradas. Deben estar de mudanza porque sacan cosas de un agujero y las llevan al otro. Las que veo correr van y vuelven sin parar, en los agujeros otras les pasan o reciben las pajitas, pero las del trasporte externo no entran nunca en el los agujeros.

Callejeamos por el pueblo mientras esperamos el barco, subiendo y bajando escaleras, que algunas calles son así. Caemos en la tentación ante una pastelería y compramos baclava, esos deliciosos hojaldritos con frutos secos, que también hacen los turcos. No hacemos comparaciones. Hoy vemos la puesta de sol navegando rumbo al Pireo.

Y después de callejear por Plaka encontramos O Platano que toma el nombre del gran árbol que hay en su puerta y que según algunos ya dio sombra a Platón. Nos sentamos en las mesas de la calle y tomamos hojas de parra rellenas, salsas de yogur y pepino, pinchos y cerveza.

La última mañana decidimos ir al museo arqueológico. En Sintagma pregunto a un empleado de unaEscultura de vidrio - Atenas - cabina que autobús lleva al museo. Para facilitar la pregunta le enseño uno de los mapas simplificados que llevo, sin fijarme que es publicidad de una línea para turistas, que hace un circuito por lo que debe mirarse en Atenas, pudiendo bajar y subir cuantas veces se quiera a lo largo del día. No es lo que queríamos, el billete cuesta 5€, pero aprovechamos para conocer algo más la ciudad. Hay autobuses, tranvías, metro y trolebuses. Vemos el relevo de la guardia que parece una escena de opereta entre transeúntes que esquivan a los soldados vestidos con faldillas y marcando el paso de la oca. Me llama la atención una escultura hecha con vidrios que hay en la zona moderna, tiene un aspecto muy dinámico pese a su gran tamaño, es muy sugerente

Jinete

Vemos el museo. Como todos los museos, es un ejercicio un poco agotador. Casi todo es interesante, pero imaginando que tuviera que elegir algo me quedo con el jinete de bronce. Volvemos a Plaka para comprar un icono que nos encargaron, comer y recoger la bolsa. Comemos en Sholarhio, un restaurante autocalificado familiar, en la calle Tripotón de nombre muy apropiado. Es el que más me gusta de los que he conocido. Cuando uno se sienta le traen toda la oferta de la casa, uno elige lo que quiere y pide la bebida, que debería empezar por ouzo para el aperitivo. Son muy amables, la comida está muy rica y no llega a 20€ por cabeza. Nos despedimos de Grecia y tomamos el bus al aeropuerto, que por cierto no nos cobran. Así compensamos el error matutino del bus turístico.


  Manolo Pino  
 

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